¿Cuándo es fiebre y cuándo es febrícula?: las claves del termómetro según los síntomas y las causas

Lucía Cancela
Lucía Cancela REDACCIÓN

ENFERMEDADES

Se considera fiebre si el termómetro marca por encima de los 38ºC.
Se considera fiebre si el termómetro marca por encima de los 38ºC. La Voz de la Salud | iStock

El incremento de los grados corporales no es peligroso, «sino un mecanismo que nos alerta de que algo está funcionando de manera anormal» | Las infecciones pueden ser una de las razones principales

17 dic 2021 . Actualizado a las 12:04 h.

¿Somnolencia, dolor articular, sensación de embotamiento o molestia general? Tienes bastantes papeletas para estar atravesando un episodio de fiebre o febrícula. La diferencia entre ambas radica en la temperatura. La primera se diagnostica cuando el termómetro corporal supera los 38ºC, mientras que la segunda se sitúa entre los 37º y los 37,8ºC. Aunque existe una ligera variación entre los profesionales: «Consideramos que se trata de fiebre por encima de los 37,8º, y de febrícula entre los 37º y 37,7ºC», explica el doctor José Manuel Ramos Rincón, especialista en Medicina interna y Coordinador del grupo de enfermedades infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). 

En cualquiera de los casos la cautela debe estar presente. No precisamente por la fiebre, sino por aquello que la está causando. Este aumento de temperatura no deriva de una enfermedad, sino de una respuesta inmune del organismo. En definitiva, una protección ante los pirógenos. «No es peligrosa, sino un mecanismo que nos alerta de que algo está funcionando de manera anormal», señala el experto. 

Fiebre o febrícula 

La fiebre es el aumento de la temperatura corporal por encima de los 38ºC. Cuando se encuentra entre los 38,5 y 39,4, se denomina fiebre moderada. Entre los 39,5 y 40,4 se considera fiebre alta, y si supera los 40,5º C, fiebre muy alta. El peligro podría llegar por encima de los 41ºC, cuando se cataloga como hiperpirexia y aumentan las posibilidades de sufrir convulsiones febriles.

Sea cual sea su valor, este fenómeno se produce como respuesta a una enfermedad o proceso inflamatorio de causa infecciosa o no infecciosa (bacterias, virus, parásitos, deshidratación o reacción inmune, entre otros).

La febrícula es, según la RAE, «la hipertermia prolongada, moderada, por lo común no superior a 38°C, casi siempre vespertina, y de origen infeccioso o nervioso». Es decir, aumenta la temperatura del cuerpo y funciona a modo de aviso: «Algo no va bien». Por ejemplo, el organismo reacciona con febrícula después de algunas vacunas, como causa de una gastroenteritis o de una exposición prolongada al sol. Por el contrario, la fiebre se entiende como un signo de respuesta más intenso, que a su vez suele acompañarse de dolencias más fuertes y molestas.