Dentro de un biobanco gallego: «Obtener cerebros de personas sanas es muy importante para la investigación»
EL BOTIQUÍN
Con más de 40.000 muestras, el de Vigo es el único de Galicia que cuenta con una amplia colección de cerebros, cerca de 300
22 mar 2026 . Actualizado a las 12:57 h.El primer caso en España de la enfermedad de las vacas locas, la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), se dio en el 2000 en una granja de Lugo. Una crisis que llevó a sacrificar miles de reses en la comunidad y que conllevó al miedo al contagio por consumo de carne contaminada con priones de la variante en humanos, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob: neurodegenerativa, sin tratamiento y potencialmente mortal. Por esa razón, en el 2002, se creó en Vigo el primer banco de cerebros de Galicia, cuya distinción sigue manteniendo a día de hoy. Actualmente, ya custodian cerca de 300, correspondiendo con una de las aproximadamente treinta colecciones más valiosas que tiene esta entidad que apoya la investigación biomédica en la comunidad y actúa de nexo de unión entre donantes, clínicos e investigadores de todo el mundo. Hablamos del Biobanco del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS), situado en el Complexo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi). Susana Teijeira, su directora científica, y Lourdes Liste, una de las dos técnicas que se encarga de registrar y procesar las muestras, abren sus puertas a La Voz y explican algunos de los secretos de este banco especial donde se conceden préstamos de vida.
Las funciones del biobanco
«Un biobanco es un centro donde se custodian muestras de pacientes o personas sanas para utilizarlas en investigación. Las muestras no son nuestras, son de ellos; esto es muy importante remarcarlo», indica Teijeira. De esta forma, se dan varios procesos fundamentales. El primero, la obtención de las mismas. «Es necesario que los donantes firmen un consentimiento informado muy exhaustivo en el que consienten cederlas al biobanco para que nosotros las mantengamos en buenas condiciones. Una decisión que ellos pueden revocar en cualquier momento», añade Teijeira.
Otra función importante es el procesamiento de esas muestras, según las características de cada una. «Pueden ser tejidos excedentes de diagnóstico, ya sean derivados sanguíneos, orinas, heces, leche materna, etcétera. De todo este proceso tenemos que conocer su trazabilidad». Debe darse el correcto almacenamiento de las mismas. «Se conservan en equipos de frío como pueden ser ultra congeladores a 80 grados bajo cero o un tanque de nitrógeno líquido donde están a 180 grados bajo cero. Algunas incluso se encuentran en condiciones ambientales, pero con un ambiente regulado», detalla Teijeira.
La tercera función del biobanco, y no por ello menos importante, es la cesión de esas muestras. «Recibimos solicitudes de investigadores de todo el mundo. Nos ofrecen un protocolo que van a utilizar, que tiene que estar validado por los comités de ética —el del solicitante y el del biobanco—. Si ambos están de acuerdo, la llevamos a cabo», confirma la directora científica. Pero previamente se firma un acuerdo con los investigadores donde se expone que esas muestras van a ser utilizadas solo para ese proyecto, «y nos tienen que ir informando sobre la investigación; son procesos muy controlados y medidos».
Una treintena de colecciones diferentes
Ahora mismo en este biobanco existen alrededor de treinta colecciones y más de 40.000 muestras. «Tenemos una de tumores con distintos tipos de cáncer, pero también de enfermedades raras o infecciosas, como el VIH», expone Teijeira. Recientemente, acaban de iniciar una sobre cáncer hereditario «para conseguir tratamientos más dirigidos o personalizados». En total, más de 8.000 muestras de fragmentos de tejido congelado que corresponden a cerca de 4.000 neoplasias humanas, entre las que destacan carcinomas, linfomas, metástasis de diferentes orígenes y neoplasias benignas del sistema nervioso central. También hay una colección de gestantes, con muestras de sangre arterial y venosa de cordón umbilical, sangre materna y tejido placentario; una sobre esclerosis múltiple; de pacientes tratados con inmunoterapia; cardiopatía isquémica en jóvenes, entre otras.
La mayoría de las muestras proceden de excedentes de diagnóstico. «El paciente decide que se pueden incorporar al biobanco y se pueda investigar con ellas. Pero también algunas son extraídas específicamente porque son muy interesantes, siempre con su consentimiento». Aunque puede donar cualquier persona, la mayoría de las muestras son de mayores de 18 años, «en plenas facultades mentales y, si hay algunos casos en los que hay que recoger muestras que no tienen esa capacidad, le pedimos al comité de ética si se pueden extraer».
En este momento se están involucrando en nuevos tipos de muestras que hasta ahora no se utilizaban o conocían. «Por ejemplo, tenemos abierta una línea de investigación en organoides de pulmón y mantenemos una relación muy estrecha con grupos de investigación de la universidad, como el de la doctora África González», expone la directora científica del biobanco. Teijeira remarca la importancia «de no quedarse en tener las muestras en los congeladores y dárselas a los investigadores; no, hay que seguir haciendo investigación propia para poder obtener distintos tipos y ofrecer diferentes redes de recogida». En sus palabras, que el biobanco no se mantenga aislado y se incorpore a redes es fundamental. Así, forma parte de la Red Gallega de Biobancos (que se completa con los centros ubicados en Santiago de Compostela, A Coruña y Lugo); el Registro Nacional, donde están inscritos los cuatro que están adscritos al Sergas; y la red europea (en inglés, European Biobanking Research Infrastructure).
Cómo es el proceso de donación de un cerebro
El proceso de donación del cerebro puede empezar en vida. «La persona tiene su carné de donante y en el momento del fallecimiento es cuando pasa a la colección del biobanco», asegura Teijeira. Tras la firma de la documentación correspondiente, «se le explicará todo el procedimiento que debe seguir su familia u hospital en el momento de la muerte». También pueden darse el caso de que el paciente fallece, ya sea en un centro médico o en un domicilio, «y los familiares y profesionales del hospital se ponen en contacto con nosotros para hacer la donación». En caso de que sea necesario, el banco de cerebros envía una funeraria para que se pueda trasladar el donante al Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. «Aquí se hace la extracción y luego se devuelve a donde indique la familia. El procedimiento está automatizado y no supone ningún gasto, el Sergas se ocupa de todo», amplía Teijeira.
Todos los cerebros que llegan al biobanco reciben —si es que lo tiene— un diagnóstico posterior con el estudio neuropatológico que lleva a cabo la doctora Beatriz San Millán. «Obtener cerebros de personas sanas es muy importante para la investigación. Cuando se firma el consentimiento explicamos que si se encuentra algún dato que pueda ser importante para los familiares, nos pondríamos en contacto con ellos para contarles dicho hallazgo», explica la directora científica.
Cómo se custodian 300 cerebros
Los cerebros que llegan al biobanco no se congelan completos. «Se hacen diferentes láminas de cada uno de los hemisferios para poder dar cuando nos solicitan muestras. Esa es la parte que se va a utilizar completa en investigación. Luego, en anatomía patológica, una vez que utilizan el material que necesitan para el diagnóstico, el excedente es lo que nosotros mantenemos en formol», apunta Teijeira. Esas muestras se almacenan en bolsas de plástico, cada una identificada con un código y también se pueden solicitar para estudios. «Algunos investigadores requieren material congelado y otros en formol o parafina», comenta Teijeira. Un hemisferio se mantiene en estas condiciones y el otro, en frío, en ultra congeladores con temperaturas de 80 grados bajo cero. «Las láminas se congelan por separado para que, en el momento en el que lo soliciten, lo tengamos en condiciones de poder hacer una cesión».
Teijeira confiesa que «debemos de estar cerca de los 300 cerebros; de donaciones en vida tenemos, en este momento, 200». La mayoría de ellos tienen algún tipo de patología neurodegenerativa. «Es decir, con alzhéimer, enfermedad de Parkinson, con parálisis supranuclear progresiva (PSP) —un trastorno raro que afecta al movimiento, el equilibrio, la visión y la cognición, a menudo confundido con el párkinson, pero de progresión más rápida—, y enfermedad por priones, que son las denominadas encefalopatías espongiformes». Estas últimas son infecciosas, pero no contagiosas, y presentan largos períodos de incubación durante los cuales no se muestran síntomas ni signos clínicos. A lo largo de ese período sin que la enfermedad se presente del todo, el agente infeccioso o prión se dirige al cerebro y se replica a lo largo del sistema nervioso central. Las formas más comunes en humanos son la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y el insomnio familiar fatal. «Más o menos, un tercio de los cerebros que hay en el biobanco corresponde con estas enfermedades por priones, casi la mitad a la enfermedad de Alzheimer y el resto, otro tipo de patologías». Además, estos también se pueden analizar para conocer distintas variantes genéticas. «Es importante no solo para asegurar más los diagnósticos, también conocer qué terapias o tratamientos son válidos para determinadas patologías», dice Teijeira.
Las muestras de tejido neurológico resultan cruciales teniendo en cuenta que solo existen 16 biobancos que las custodien en España. «Si se quiere hacer una investigación sobre un tipo de enfermedad concreta se necesitan un número elevado y los investigadores suelen solicitarlas a distintos bancos para poder alcanzar un número determinado de cerebros». Asimismo, muchas de las patologías «deben confirmarse con el estudio del cerebro post mortem, ya que la clínica se acerca cada vez más al diagnóstico, pero el real sigue siendo el histológico y químico», confirma la directora científica.
Cada una de las colecciones que hay en el biobanco es fruto de una amplia red de profesionales que va más allá de sus paredes. «No podemos olvidarnos de todos aquellos que tienen una relación directa con el paciente, que les explican con detalle para qué se van a utilizan sus muestras y obtienen sus consentimientos, al igual que los que se encargan de su extracción», subraya Teijeira. También tiene palabras de agradecimiento para aquellas personas que, por cuenta propia, se hacen donantes. «El biobanco, realmente, somos todos», concluye.