Más del 90 % de los pacientes etiquetados como alérgicos a las penicilinas realmente no lo son
EL BOTIQUÍN
Los expertos advierten de que evitar el uso de estos antibióticos en pacientes que podrían tomarlos aumenta el riesgo de resistencia bacteriana
20 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cerca de un 10 % de la población española está catalogada como alérgica a las penicilinas, el grupo de antibióticos más utilizados en la práctica clínica. Sin embargo, un informe recientemente publicado por la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (Sefap) señala que en la mayor parte de estos casos los pacientes no se han sometido a pruebas específicas para confirmar una reacción alérgica. Así lo subraya Cristina Casado, coordinadora del Comité de Pacientes y Ciudadanía de la Sefap. La experta explica que, en general, las estimaciones se basan en registros de historias clínicas de los pacientes, pero «cuando estos casos se analizan en los servicios de alergología mediante pruebas específicas, se comprueba que entre el 90 % y el 95 % de estas etiquetas no corresponden a una alergia real», lo que reduciría la proporción de individuos alérgicos a estos fármacos a menos del 1 % de la población. Esta discrepancia supone riesgos innecesarios para los pacientes y, en general, para la comunidad.
Alergia o efecto adverso
Cuando un paciente manifiesta en consulta haber sufrido ciertos síntomas o efectos negativos como consecuencia de la toma de un fármaco, los facultativos pueden etiquetar directamente el cuadro como una alergia a la medicación. Para Casado, es un error asumir que se trata necesariamente de una reacción mediada por el sistema inmunitario. En muchos casos, «el paciente ha tenido otro tipo de efecto adverso y ante esto no siempre se verifica adecuadamente que sea una verdadera alergia», observa.
No todos los efectos adversos que una persona puede experimentar con un antibiótico se pueden atribuir a una alergia. «Para que lo sea tiene que haber una implicación del sistema inmunitario que percibe al antibiótico como una sustancia peligrosa y lo ataca», detalla Casado. En otros casos, los síntomas negativos se pueden producir por el propio mecanismo de acción del fármaco.
«Concretamente, la alergia se produce cuando el sistema inmunitario reconoce el antibiótico como algo peligroso y reacciona contra él. Si el paciente vuelve a tomar el medicamento, existe un riesgo muy alto de que la reacción vuelva a repetirse, e incluso de forma más grave. Por eso, si una persona es realmente alérgica, no debe volver a tomar ese medicamento. En cambio, cuando se trata de un efecto adverso no alérgico, salvo que sea grave, habitualmente el medicamento puede volver a tomarse, porque este efecto no tiene por qué volver a repetirse. Incluso podría continuarse el tratamiento, aunque aparezca el efecto adverso, si el beneficio lo compensa», aclara Casado.
Dentro de estos síntomas, hay algunos que son más característicos de una posible alergia, «como son las reacciones anafilácticas, reacciones alérgicas graves que cursan con inflamación de los labios o la lengua, dificultad para tragar o dificultades respiratorias, incluso llegando a perder el conocimiento. Estos cuadros se producen rápidamente, unos minutos u horas después de tomar el medicamento», describe Casado. En contraste, las manifestaciones no asociadas a alergias pueden incluir «náuseas, vómitos o diarrea, que de hecho, son efectos adversos característicos de penicilinas como la amoxicilina».
El problema surge con los síntomas difíciles de asociar a una u otra condición, como es el caso de las erupciones o reacciones cutáneas. Cuando aparecen estos cuadros, «a veces no se puede diferenciar solamente por la forma clínica si es una alergia u otro tipo de efecto adverso y en estos casos lo más adecuado es derivar al paciente al alergólogo para que pueda realizar pruebas que verifiquen si ha sido una reacción de este tipo o no», explica Casado. Según informa un documento publicado por la Sefap, los antibióticos que más alergias causan son las penicilinas, que actúan debilitando la pared celular de las bacterias.
Síntomas habituales de una reacción de alergia, según la Sefap:
- hinchazón de la cara y la lengua
- erupción de la piel
- dificultad para respirar
Si se producen estos síntomas, la Sefap indica que se debe dejar de tomar el medicamento de inmediato, avisar al médico y vigilar el empeoramiento del cuadro. «Siempre que una persona presente una reacción negativa tras tomar un antibiótico o cualquier otro medicamento, debe comunicarlo a un profesional sanitario. Y si aparecen síntomas graves, como dificultad para respirar, convulsiones o pérdida de conciencia, debe acudir de inmediato a un centro sanitario o llamar al 112», aconseja Casado.
Con todo, el estado de una reacción puede evolucionar a lo largo del tiempo. La farmacéutica explica que existen algunos tipos de alergia a penicilinas que pueden ser reversibles cuando el paciente no se expone a estos antibióticos durante períodos prolongados. «Si pasamos años sin estar expuestos, a veces, las defensas del organismo que estaban reconociendo las penicilinas como peligroso, terminan desapareciendo, de forma que cuando volvemos a dar el antibiótico ya no hay nada que le ataque y ya no se produce esa alergia», detalla. No obstante, la experta no recomienda volver a tomar antibióticos tras haber sufrido una reacción alérgica sin antes realizar una nueva prueba para comprobar que se haya conseguido la tolerancia al fármaco. «Lo adecuado es hablar con el médico y volver a estudiarlo por si tuviéramos la suerte de ya no ser alérgicos y por lo tanto poder volver a tomarlos», remarca.
Resistencia bacteriana
Las consecuencias de un diagnóstico erróneo de alergia a la penicilina son importantes en dos aspectos. «Por un lado, para el propio paciente a título individual, pero también existen consecuencias a nivel de la salud pública», sostiene Casado. Las penicilinas están entre los antibióticos más utilizados a la hora de tratar infecciones bacterianas y la imposibilidad de administrarlos debido a una supuesta alergia elimina algunos de los tratamientos más eficaces y seguros para este tipo de enfermedades.
Como consecuencia, se recurre a otros fármacos. «En muchas ocasiones el paciente tiene que ser tratado con un antibiótico que podría ser menos adecuado para su infección y además producir efectos adversos más graves», señala la experta.
Esto conlleva otro riesgo adicional. Cuando se utiliza un antibiótico de mayor espectro que la penicilina, el medicamento atacará a una mayor variedad de bacterias dentro del cuerpo. «Esto quiere decir que es más fácil que se generen bacterias que sean resistentes a los antibióticos. Y uno de los mayores problemas de salud que tenemos a nivel mundial es la mayor cantidad de resistencias bacterianas que cada vez está haciendo que tengamos infecciones más difíciles de curar, generadas por superbacterias. Cuando evitamos que un paciente tome una penicilina y en cambio le damos un antibiótico de mayor espectro, aparte de los daños que le puede provocar, aumenta la posibilidad de que se generen estas nuevas resistencias», explica la farmacéutica.
Recomendaciones
Si un antibiótico provoca reacciones ambiguas y no está claro que se trate de una alergia, lo recomendable es realizar una prueba para confirmarlo. «Pero los servicios de Alergología pueden tener una lista de espera y, durante ese tiempo, hasta que sea estudiado, lo ideal es no darle ese antibiótico al paciente, por su protección y derivarlo al servicio para que sea evaluado adecuadamente», indica Casado. Si se confirma que no existe una alergia, esta etiqueta se debe eliminar de la historia clínica del individuo, para evitar el uso indebido de otros antibióticos y las complicaciones que puedan derivar de él.
«Nunca debe ser el propio paciente quien se autodiagnostique una alergia. La valoración corresponde siempre a un profesional sanitario. En cualquier caso, siempre que una persona presente una reacción nociva tras tomar un antibiótico o cualquier otro medicamento, debe comunicarlo a un profesional», indica Casado.
Consejos para personas alérgicas a las penicilinas
- Saber exactamente a qué antibiótico o grupo de antibióticos se es alérgico. Es importante conocer si la alergia es a un antibiótico concreto o a un grupo, por ejemplo, a las penicilinas. En este segundo caso, conviene conocer los principios activos más habitualmente prescritos dentro de este grupo, para poder reconocerlos si se indican en el futuro.
- Disponer de un informe o documento que recoja la alergia. Además, si le reacción fue grave, como una anafilaxia, puede ser recomendable llevar una pulsera o colgante identificativo, útil en situaciones de urgencia en las que la persona no pueda comunicarse adecuadamente.
- Si la alergia no está bien definida o nunca se ha estudiado, comentarlo con el médico en caso de poder realizar una reevaluación, incluyendo derivación al servicio de alergología, para confirmar o descartar la alergia.