Se constata el efecto rebote tras abandonar los fármacos contra la obesidad: «El apetito deja de estar controlado»

La Voz de la Salud

EL BOTIQUÍN

Imagen de archivo de Wegovy en una farmacia de Londres.
Imagen de archivo de Wegovy en una farmacia de Londres. Hollie Adams | REUTERS

Además de la recuperación de peso, también se da una reversión de los efectos beneficiosos sobre marcadores de salud cardiovascular y metabólica, como el colesterol y la presión arterial

08 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Abandonar los fármacos contra la obesidad va seguido de una recuperación del peso, así como una reversión de los efectos beneficiosos sobre marcadores de salud cardiovascular y metabólica, como el colesterol elevado y la presión arterial alta. Lo confirma un metaanálisis publicado por la revista británica The BMJ, cuya investigación incluye 37 estudios publicados hasta febrero de 2025 en los que participaron más de 9.300 personas. Los resultados poseen relevancia pese a existir una limitación de datos: no deja de ser un fármaco de reciente aprobación cuyas consecuencias a largo plazo todavía se están estudiando. Por poner un ejemplo, la aprobación oficial de la semaglutida para la pérdida de peso, bajo el nombre comercial de Wegovy, por la Agencia Europea del Medicamento, data de enero del 2022. En el caso del Reino Unido, cuya autorización se gestiona de forma independiente por la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) tras el Brexit, fue aprobado en septiembre del 2021. 

Esta revisión sistemática y metaanálisis muestra un patrón consistente: tras suspender la medicación para el control del peso, este se recupera y las mejoras en los marcadores de riesgo cardiometabólico tienden a disminuir con el tiempo. En concreto, los autores estiman una recuperación media de peso alrededor del 0,4 kilogramos por mes tras el cese de la administración. Los autores también constataron cambios en marcadores como la HbA1c (hemoglobina glicosilada), la presión arterial y los lípidos, proyectando un retorno hacia los valores basales en alrededor de 1,4 años tras la suspensión.

«Los resultados no son sorprendentes», avanza John Wilding, catedrático de Medicina en el departamento de Medicina Cardiovascular y Metabólica y médico consultor honorario de la Universidad de Liverpool (Reino Unido). «La obesidad es una enfermedad crónica en la que se suele recaer cuando se suspende el tratamiento. No esperamos que las intervenciones para otras enfermedades crónicas, como por ejemplo, la diabetes, la hipertensión o la hipercolesterolemia, sigan funcionando cuando se interrumpe el tratamiento y no existe ninguna razón científica para esperar que la obesidad sea diferente», añade en declaraciones a Science Media Centre Reino Unido. 

Adam Collins, profesor asociado de Nutrición de la Universidad de Surrey (Reino Unido), considera que hay explicaciones plausibles del porqué se da ese efecto rebote. «La primera se relaciona con cómo funcionan estos fármacos. Proporcionar artificialmente niveles de GLP-1 varias veces superiores a lo normal durante un período prolongado puede hacer que el organismo produzca menos GLP-1 natural y también que sea menos sensible a sus efectos». Considera que «no hay problema mientras se toman los fármacos, pero en cuanto se retira este ''arreglo'' de GLP-1, el apetito deja de estar controlado y comer en exceso se vuelve mucho más probable». Una problemática que se agrava aún más si la persona en cuestión ha dependido únicamente de estos fármacos para bajar de peso sin establecer cambios dietéticos o conductuales que ayuden a largo plazo.

«Este artículo aún no puede decirnos si el uso a corto plazo ofrece beneficios duraderos para los órganos, pero es plausible que pesar menos durante 2 o 3 años gracias al uso a corto plazo de estos medicamentos pueda ayudar a ralentizar el daño en articulaciones, corazón y riñones. Se necesitarán ensayos de resultados más grandes y prolongados para responder a esa pregunta», apunta Naveed Sattar, catedrático de Medicina Cardiometabólica y Consultor Honorario de la Universidad de Glasgow (Reino Unido), también a Science Media Centre Reino Unido.

El reto: mantener esa pérdida de peso

Los hallazgos refuerzan que el manejo de la obesidad suele requerir planificación a largo plazo. «Si las personas suspenden la medicación, muchas probablemente necesitarán apoyo nutricional y conductual continuo, y los servicios de salud deberían anticipar que los beneficios cardiometabólicos pueden disminuir a medida que se recupera el peso», expone Spreckley.

Estos agonistas del GLP-1 han provocado que perder peso sea muy fácil, pero mantenerlo es todo un reto. «Especialmente, teniendo en cuenta la enorme ola de personas que probablemente dejarán estos fármacos en los próximos meses y años. Esto subraya una necesidad aún mayor de estrategias sólidas de dieta, conducta y estilo de vida tanto a nivel individual como de salud pública», amplía Collins.