En el mes de las flores

Moncho Núñez Centella

LA VOZ DE LA ESCUELA

«Florero en vaso» (1615). Jan Brueghel el Viejo. Museo del Prado
«Florero en vaso» (1615). Jan Brueghel el Viejo. Museo del Prado

Las plantas con flor son hoy el 90 por ciento de las que viven sobre la Tierra

30 may 2019 . Actualizado a las 11:51 h.

Mayo es por antonomasia nuestro mes de las flores. En esta época del año cualquier paisaje verde se ve protagonizado por la presencia de esas variadísimas pinceladas de color que vemos en los campos, los árboles, las cunetas, las laderas de los montes, las orillas de los ríos y, por supuesto, los jardines. Los alumnos y profesores saben mucho de su morfología (aquello de los cuatro verticilos: cáliz, corola, androceo y gineceo); también de su función reproductora, y de que ese invento sexual fue bueno para la biodiversidad, por aquello de que favorecía la mezcla de genes. La prueba de su éxito está en que las plantas con flor son hoy el 90 por ciento de las que viven sobre la Tierra, ofreciendo un repertorio inagotable de colores, formas, tamaños, aromas y texturas. Repasemos algo de su historia.

Antes de las flores había helechos y coníferas. La angiosperma más antigua de la que tenemos registro fósil es la Montsechia vidalii, una planta acuática con flores pequeñas que vivió en el fondo de lagos situados en lo que hoy son las sierras de Cuenca y Lérida hace 130 millones de años, en el cretácico inferior. Sus restos fósiles se encontraron por primera vez a finales del XIX en el Montsec (Pirineo de Lérida), lo que ha motivado su nombre científico. Aquella planta fue coetánea de dinosaurios como el Iguanodon o el Soriatitan (un braquiosaurio de unos 14 metros cuyos fósiles se hallaron en la provincia de Soria). De esa época también, en la zona del Maestrazgo, hay restos de otros dinosaurios y vertebrados como tortugas, anfibios, reptiles similares a cocodrilos y mamíferos. Todos esos parientes nuestros tuvieron el privilegio de celebrar las primeras flores. 

Las de aquella Montsechia eran muy pequeñas. Hoy las hay mucho mayores. José Saramago escribió un cuento titulado La flor más grande del mundo, que es una dulce historia sobre la amistad entre un niño y una flor. Pero en la prosaica realidad botánica la flor de mayor tamaño es la de la planta Amorphophallus titanum (literalmente, falo amorfo gigante), que vive en las selvas tropicales de Sumatra y puede alcanzar casi tres metros de altura. Como puede verse en la foto de la columna de actividades, hace honor a su nombre. La pena es que se trata de algo difícil de contemplar en directo, pues la planta solo florece unas tres o cuatro veces en sus cuarenta años de vida, y encima se trata de una floración precipitada: crece rápidamente hasta alcanzar su máximo tamaño, y luego en tres días se muere.