El cielo puede esperar

Moncho Núñez Centella

LA VOZ DE LA ESCUELA

«Antes de la tormenta» (1890), de Isaak Levitan, Museo de Artes Aplicadas de Smolensk (Rusia)
«Antes de la tormenta» (1890), de Isaak Levitan, Museo de Artes Aplicadas de Smolensk (Rusia)

Aprovecha el día, goza de la noche, disfruta de la vida, apodérate del cielo

06 feb 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Valga el titular, que tomo prestado de la galardonada película de Warren Beaty (1978), para ahí, junto al cielo nuboso del paisajista ruso Isaak Levitan, explicitar de entrada que hemos de hablar de, al menos, dos cielos distintos. Creo que está claro que el que puede esperar es el mismo cielo del que alguien dijo que no se podía tomar por consenso, sino por asalto; quizás también el que para su acceso necesita una escalera grande y otra chiquita. Ay, arriba y arriba. Es también el mismo cielo al que podría aludir Cicerón con aquella frase de «digito coelum attingere» (tocar el cielo con un dedo) y que utilizamos para expresar que se está rozando la felicidad. Es el cielo que aparenta ser inalcanzable, pero que tiene una puerta a la que reiteradamente llamaba Bob Dylan: Knockin’ on Heaven’s Door.

En la tradición cristiana esa puerta del cielo está controlada por san Pedro, de acuerdo con lo prometido en el evangelio (Mateo 16, 13-19), en un símbolo que vincula cielos y tierra. Quizás por eso allí también puede haber lágrimas, aunque sean derramadas desde aquí, como las que lloró Eric Clapton por su hijo en aquella entrañable balada Tears in Heaven. El idioma inglés tiene la ventaja de usar términos diferentes para ese cielo inmaterial y aquel otro que es una realidad física de materia y energía; por ello John Lennon pudo invitarnos a imaginar que no hay ningún cielo («Imagine there’s no heaven») y también a pensar que sobre nosotros únicamente estaba el cielo («above us only sky»).

El problema del cielo físico es que no puede esperar. El paraíso puede aguardar a que lo asalten, puede ser Utopía e Ítaca, y hasta podemos convertirlo en sala de espera (cariñito adorado) para los que se van primero, pero en cambio los cielos que se rigen por las leyes de la física, es decir tanto el astronómico como el meteorológico, nunca esperan.

La visión del cielo nocturno, de la infinitud de la bóveda estrellada, es uno de los espectáculos más sugerentes que pueden vivirse. Ese lento e incesante giro continuo de estrellas y luceros a nuestro alrededor hizo nacer la astronomía; además, forzó a crear un modelo de esferas celestes que permitía explicar por qué vemos, con el paso de las noches, deambular a los planetas entre las constelaciones del zodíaco. Un supuesto geocéntrico que permitió al Dante su intrincado viaje al paraíso, pasando por los cielos cada vez más lejanos donde se imaginaban los cuerpos celestes. El primer cielo correspondía a la Luna, y luego seguían los de Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno (el séptimo cielo) y las estrellas. Hoy tenemos otro modelo para lo que llamamos sistema solar, pero sabemos con certeza que en el cielo astronómico nada se para ni puede pararse.

Otro tanto sucede con el cielo durante el día. Que no puede esperar. Esas nubes que amenazan tormenta acabarán descargando, de modo que podremos verlo y oírlo todo, recibir el fenómeno con todos los sentidos. Y tras la tempestad vendrá la calma, porque los meteoros que vemos en la atmósfera nunca esperan. No lo hacen las nubes inquietas, ni el arco iris, la lluvia, la nieve, el rayo, el relámpago o el granizo. Tampoco espera el cielo azul, o que vemos azul gracias a la atmósfera, y la experiencia nos dice que el crepúsculo vendrá a regalarnos otros colores diferentes. Carpe diem, carpe noctem, carpe vitam, carpe caelum. Por si acaso.

Ipse dixit

Porque ese cielo azul que todos vemos / ni es cielo ni es azul. ¡Lástima / que no sea verdad tanta belleza!

Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613)

Dos cosas llenan mi espíritu de admiración y temor: el cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral en mi conciencia

Emmanuel Kant (1724-1804)

Si no pudiera ir al cielo más que mediante un partido político no querría ir por nada del mundo