Algunas claves para evitar un nivel elevado de ansiedad en el día a día
30 ene 2019 . Actualizado a las 05:00 h.«¿Te acordaste de coger el libro de Sociales?», le pregunta su madre a Brais nada más salir por la puerta del colegio y antes incluso de saludarle. «¡Ahí va, pues no! Y no puedo volver a entrar para buscarlo, está prohibido», dice con evidente cara de susto. «Buff, pues mañana tienes examen, y si no lo preparas vas a suspender… ¡Eres un desastre!», se lamenta su madre, que lleva de la mano a su hija pequeña, Inés. «Bueno, mamá, no dramatices, un poco me lo sé y además no es para tanto, que no es un examen final», dice intentando rebajar la tensión. «Anda, corre que no llegamos a clase de música. Toma el bocadillo y cómetelo, que si no luego se te junta con la cena. ¿Al menos te acordaste de meter en la mochila el libro de Lenguaje Musical?», le pregunta. «Jolín, mamá, no puedo correr y comer al mismo tiempo. Yo qué sé si me acordé, estoy harto de ir corriendo a todas partes. Mira, hoy no voy a clase de música y listo», se le ocurre decir. «¡Sí, hombre! Con el dinero que nos cuesta, como para perder una clase. Lo que me faltaba por oír. ¿Pero qué haces que no te comes el bocadillo? Y camina un poquito más rápido, que así no llegamos».
La pequeña, Inés, de intentar alcanzar el paso frenético de su familia también se empieza a estresar, y lloriquea: «Mami, cógeme en brazos, que estoy muy cansadita». «Ay, hija, ¿y cómo te crees que estoy yo, con la mochila de Brais al hombro, con lo que pesa? Imposible llevarte en brazos. Y deja de quejarte que tú también llevas un día…». Ahora Inés llora de verdad, con ganas, se siente incomprendida. Brais, por su parte, está compungido, con los hombros encogidos y mirando al suelo mientras acelera el paso todo lo que puede. La madre, con rostro tensionado, reflexiona: «Esto no tiene sentido: corriendo de aquí para allá y todos de malhumor en vez de disfrutar de que estamos juntos, y por suerte no nos podemos quejar de cómo nos van las cosas. Esta dinámica tenemos que cambiarla».
Las prisas, la ansiedad y el estrés son los grandes enemigos del bienestar personal, el equilibrio y la felicidad. Y sin embargo nos empeñamos en correr y en hacer muchas tareas a la vez, cuantas más mejor.
Pero en este mundo acelerado en el que vivimos también tenemos la opción de decidir centrar nuestra atención en el aquí y en el ahora y proporcionarnos un poco de sosiego: a nosotros mismos y a toda la familia. Es cuestión de voluntad… y de poner en marcha una serie de estrategias.
Aprende a vivir «slow»
El movimiento Slow (despacio) aplicado a la educación propone abandonar el ritmo de vida alterado propio de nuestros días y sustituirlo por otro más calmado, que permita a los padres reconectar con sus hijos y recuperar un bienestar emocional olvidado en la avalancha consumista y el ritmo frenético de las últimas décadas.
De forma resumida, estas serían las claves del slow parenting, o parentalidad tranquila:
- Menos agendas infantiles organizadas: hay que priorizar lo importante y dejar huecos para el tiempo libre y el juego desestructurado.
- Menos horas ante las pantallas, que empobrecen la creatividad y convierten en zombis a todos los miembros de la familia.
- Menos presión. Cada niño madura a una velocidad diferente. Atosigarlos para que alcancen determinado ritmo no tiene ningún sentido y genera mucho sufrimiento.
- No centrar toda la vida de los niños en torno a las exigencias académicas: hay vida más allá de la escuela.
- No plantear la infancia como una competición, un proyecto de futuro o un producto, sino como una etapa fundamental y especialmente valiosa en el desarrollo de las personas.
- Hay que evitar que los hijos se conviertan en adultos antes de tiempo: no permitamos que acorten su infancia y entren en la adolescencia de forma precoz.
- Más contacto con la naturaleza: más actividades al aire libre, lejos de explanadas de cemento y centros comerciales.
- Despertar en los niños la pasión por aprender, descubrir y sentir curiosidad por las cosas. Esto les resultará más útil en el futuro que obligarles a adquirir conocimientos académicos desvinculados de la realidad.
- Tiempo de calidad, sin prisas, sin actitudes de desesperación o irritación, sin estrés.... Aunque para ello tengamos que apagar nuestro teléfono móvil y aplazar determinados proyectos profesionales o personales.
- Menos consumismo. Los niños no necesitan los juguetes o dispositivos electrónicos de moda ni tampoco la ropa de marca para ser felices. Pero sí la atención, el afecto y el tiempo de sus seres queridos.
escuela de padres
TEMA DEL MES: Propósitos para el 2019.
ETAPA: Infantil, primaria y secundaria.
LA FRASE: «Vivimos en una especie de rueda de hámster a una velocidad frenética, pero sin desplazamiento real. Parece imposible pararla. Tenemos que estar activos, cuantas más horas mejor. Si no hacemos nada o nos demoramos en aquello que realmente nos gusta, tenemos la sensación de convertirnos en parásitos sociales. Pero hay otro modo de vivir. Vivir colocándole una quilla al tiempo que nos asignan» (Luciano Concheiro).
COMPORTAMIENTOS QUE SE DEBEN EVITAR: Vivir el día a día con ansiedad y demasiadas prisas, transmitiendo estrés y malestar a nuestros hijos y rebajando su capacidad de atención.
ALGUNAS CLAVES: Desacelerar el ritmo, rebajar la tensión y la angustia o prescindir de la competitividad aumenta el bienestar de todos los miembros de la familia.
PARA SABER MÁS: «Bajo presión. Rescatar a nuestros hijos de una paternidad frenética». Carl Honoré. RBA Libros.