Diálogos de sordos

«Al final todo acaba bien, y si no acaba bien es que no es el final»

. Duelo a garrotazos  (1823). Francisco de Goya. Museo Nacional del Prado
"Duelo a garrotazos" (1823). Francisco de Goya. Museo Nacional del Prado

Entre 1819 y 1823 Francisco de Goya quiso decorar los muros interiores de su casa (la Quinta del Sordo) con una serie de murales que han pasado a la historia con el nombre conjunto de Pinturas negras, que suponen, para muchos críticos, su obra más vanguardista e importante. Esa casa estaba entonces a las afueras de Madrid y en ella vivió sus últimos años en España, antes de ser exiliado a Francia. Se la había adquirido a un propietario que era sordo, y de ahí le venía el nombre a la finca, aunque por aquel entonces, con más de 70 años, Goya también había perdido la audición, tras la enfermedad de 1792. La más importante de las Pinturas negras, que ahora pueden contemplarse en el Museo del Prado, es este Duelo a garrotazos. La escena representa una riña entre dos personas del pueblo, en un lugar solitario que percibimos silencioso y sin cumplir ninguna de las reglas de los duelos entre caballeros: no hay padrinos, ni testigos, ni protocolos. El cuadro ha sido interpretado desde entonces como un símbolo de las luchas fratricidas entre españoles, que en los tiempos de Goya representaban los bandos de absolutistas y liberales. La escena, sin duda, sugiere las dos Españas a las que más tarde aludiría Machado.

Pero no siempre acudimos a los duelos. En los cuatro últimos decenios hemos asistido a un período de convivencia que parecía satisfactorio, y ciertamente lo era al compararlo con épocas anteriores. Aunque, como dijo el bueno de Heráclito (de Éfeso), panta rei, es decir, que todo fluye, todo cambia. Nada dura eternamente. Y a comienzos del siglo XXI comenzaron a germinar en distintos ambientes hispanos los diálogos de sordos. Es decir, aquellos donde todos hablan, pero nadie escucha. Los podemos ver todos los días en algunas cadenas de televisión donde tienen éxito popular todo tipo de tertulias, y también en los ámbitos de la res publica. Veamos. El Diccionario tiene varias acepciones para el adjetivo sordo. Como es natural, comienza con la definición funcional, correspondiente a la pérdida de la audición, la que se consulta al otorrino y se corrige con cirugía, medicamentos y audífonos. En España hay 120.000 personas con sordera profunda y un millón más con limitaciones graves de la audición. Pero el Diccionario añade que sordo también corresponde a lo que es «callado, silencioso y sin ruido», o bien «insensible a las súplicas y al dolor ajeno», y también «indócil a las persuasiones, consejos o avisos». Repartan los lectores esas tres variantes calificativas entre los responsables políticos del momento que están implicados, voluntaria o involuntariamente, en el proceso. O sea que, aunque algunas buenas gentes hayan recomendado reiteradamente la necesidad de sentarse a hablar, yo creo que más bien la necesidad perentoria es que nuestros representantes se sienten a escuchar.

Por cierto, que uno no sabe si en la decisión de definir toda la cuestión catalana con el término procés habrá influido el título de la novela inacabada de Franz Kafka Der Prozess. Puede resultar interesante buscar relaciones entre esos dos productos de la cultura humana, no solamente en su título y en el hecho de ser entes inconclusos, sino también en su trama y quizás en su final (aparente). Porque muchas veces -como en la novela- resulta inevitable reconocerse culpable sin sentirse culpable. Pero ello no es motivo para abandonar. Recordemos la inefable frase de Sonny en la película El exótico hotel Marigold: «Al final todo acaba bien, y si no acaba bien es que todavía no es el final».

P. S. También se llama sorda a la becada (Scolopax rusticola), un ave limícola que se alimenta sobre todo de lombrices con su pico largo y delgado y que goza de una justificada fama -y mis personales preferencias- por la exquisitez de su carne. Con ella nos haremos un homenaje (D.m.) en el otoño que comienza.

Palabras con historia 

El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro, sea quien sea

Johann W. Goethe (1749-1832)

No hay peor sordo que el que no quiere oír

Matthew Henry (1662-1714)

El mejor matrimonio sería aquel que reuniese a una mujer ciega con un marido sordo

Michel de Montaigne (1533.1592)

Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento en que uno desea ser completamente sordo

Oscar Wilde (1854-1900)

El artista debe ser ciego frente a la forma reconocida o no, del mismo modo que debe ser sordo a las enseñanzas y los deseos de su tiempo

Vasili Kandinski (1866-1944)

No me gustan mucho los ciegos, como a la mayoría de los sordos

Luis Buñuel (1900-1983)

Actividades 

1. El último domingo de septiembre se celebró el Día Internacional de la Sordera. Para prevenirla es importante controlar la exposición al ruido. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que no supere los 65 decibelios, aunque en Europa el límite está en los 87 decibelios. Existen diversas aplicaciones para móviles que permiten medir la intensidad del sonido. Mide el nivel de ruido de diversos ambientes que frecuentes y establece tu nivel de audición (en cada uno de los oídos) según la siguiente escala:

  • Normal: percibe sonidos de menos de 20 dB
  • Deficiencia leve: entre 20 y 40 dB
  • Deficiencia media: entre 40 y 70 dB
  • Deficiencia severa: entre 70 y 90 dB

2. Aunque se dice que las paredes oyen para expresar que hay que ser prudente en lo que se dice y cómo se dice, también es cierto que hay quien está sordo como una tapia. Busca otras expresiones del lenguaje o refranes relacionados con la audición.

3. La mayor parte de las citas célebres recogidas en la lista no se refieren a sordos funcionales, sino a quienes no quieren escuchar. ¿Cuál de esas frases se relaciona mejor con la expresión «hacer oídos sordos»?

4. Entre los genios famosos a quienes castigó la sordera está Ludwig van Beethoven, que comenzó a detectarla en 1801. A partir de 1818 estuvo prácticamente privado de la audición, aunque siguió componiendo, pero no pudo oír la atronadora ovación en el estreno de su «Novena sinfonía» el 7 de mayo de 1824. Aquí podrás disfrutar de una versión del director que quizás mejor la ha comprendido: Herbert von Karajan. Ponla unos minutos sin sonido y piensa en Beethoven: goo.gl/DgZtgi.

5. El director de cine Orson Welles estrenó en 1962 la película «El proceso», basada en la novela de Kafka. Esa cinta fue calificada por Charles Chaplin como la cumbre del arte cinematográfico. Es una obra fascinante, conceptual, difícil, surrealista e incómoda. Todo un reto del cine. ¿Te atreves con ella?

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