Mucho más que un simple juguete

> Ana T. Jack anatjack@edu.xunta.es

ESCUELA

JOSÉ PARDO

Claves para controlar los valores que transmitimos con los regalos elegidos

18 dic 2013 . Actualizado a las 12:56 h.

El anuncio comienza así: un grupo de niños, con cara de estar muy aburridos, viajan en un autobús escolar recibiendo la charla de un guía de naturaleza que les explica que van de excursión a conocer el bosque, los distintos tipos de hojas... El supuesto guía es, en realidad, un vendedor de una conocida cadena de jugueterías. Así que de repente se saca el disfraz de soso naturalista y les anuncia que hay un cambio de planes: se van a pasar el día eligiendo juguetes en una de sus grandes tiendas. Las caras se tornan alegres, excitadas, histéricas... Enseguida se les ve pululando entre estanterías repletas de juguetes (de color rosa para ellas, de acción para ellos), donde en apariencia encuentran la paz y la felicidad. El valor que transmite este lamentable anuncio está claro: la naturaleza es un rollo, los juguetes que te vendemos son los que necesitas para divertirte y pasarlo bien.

Cada vez son más los padres y madres que se indignan cuando ven este tipo de anuncios, por no hablar de los sexistas o los que hacen publicidad engañosa. Y se preocupan, ante la inminencia de los Reyes Magos, de ayudar a sus hijos a pedir en sus cartas unos juguetes que les transmitan unos valores adecuados. En la medida de lo posible, es recomendable priorizar estos criterios básicos:

1. Ni excesivos ni... demasiado caros. El hecho de regalar un número excesivo de juguetes o los más caros del mercado es una forma de transmitir valores hiperconsumistas en un momento en que buena parte de la población española tiene problemas para cubrir sus necesidades básicas.

2. Variados. Que desarrollen las múltiples facetas de la personalidad, no una sola (por ejemplo la maternal, regalando únicamente muñecos y accesorios para jugar a cuidar bebés).

3. Cooperativos y solidarios. Que fomenten la relación con los demás, el acercamiento a otras culturas y los juegos cooperativos no competitivos.

4. Que no reproduzcan estereotipos sexistas. Esto no consiste en obligar a las niñas a jugar con coches y a los niños con muñecas, sino en superar esa tendencia que sigue existiendo de escoger juguetes de niñas para ellas y juguetes de niños para ellos. Lo mejor es animarlos a usar cualquiera de ellos sin restricciones ni mensajes del tipo mira qué marimacho o como te vea tu abuelo jugar con la cocinita...

5. Ni bélicos ni violentos. El hecho de que a algunos niños les guste jugar con pistolas tiene más que ver con su deseo natural de sentirse poderosos que con una tendencia a ser violento. Así que no debemos escandalizarnos si los vemos jugar a las peleas o a las guerras. Pero otra cosa muy distinta es facilitarles juguetes bélicos o videojuegos violentos.

6. Procedentes de empresas responsables. El 80 % de los juguetes se fabrican en China, Indonesia y Tailandia, donde la mano de obra barata y las condiciones laborales de explotación son habituales. Sin embargo, hay otras plantas de producción respetuosas con las condiciones de trabajo. Enterarse de estas empresas es relativamente fácil a través de Internet. Y, en general, siempre será más recomendable comprar en las pequeñas tiendas de barrio que en los macrocentros comerciales.

7. Elaborados con materias primas respetuosas con el medio ambiente. El uso de materiales naturales y biodegradables, como la madera, siempre es preferible al plástico o al PVC. En cuanto a las pilas, siempre constituyen una amenaza para la naturaleza. Cuantas menos, mejor.

8. Que respeten las tres erres básicas: reducir, reutilizar y reciclar. Los juguetes resistentes, tras un uso cuidadoso se pueden donar pasado el tiempo a familias sin recursos. Además, hay que evitar la acumulación de envoltorios.

9. Que incluyan algún juguete tradicional. Para transmitir los valores propios de una cultura y para que padres e hijos jueguen juntos. Por ejemplo: la cuerda para saltar, la goma, la peonza, el yoyó, las tabas, las canicas, el ajedrez, el parchís, la oca... Además, suelen ser opciones muy económicas.

10. Que sean sencillos. Cuanto más complejo sea el juguete menos posibilidades tiene el niño de de desarrollar la curiosidad, la creatividad y la imaginación. Hay productos artesanales y de comercio justo que ofrecen opciones ecológicas, solidarias y educativas (marionetas, juegos de madera, muñecos, disfraces...).