El padre de la lingüística moderna

Ferdinand de Saussure hizo que el estudio del lenguaje cambiara de rumbo radicalmente


Será justo confesar que también a nosotros casi se nos escapa este centenario, el de la muerte de un profesor ginebrino que hizo que cambiara radicalmente el curso de los estudios sobre el lenguaje. Pero lo cierto es que un año tan señalado para la lingüística no parece haber propiciado el tipo de acontecimientos que cabría esperar.

Ferdinand de Saussure nació en 1857 en el seno de una familia de Ginebra de larga tradición intelectual. Comenzó, siguiendo esta tradición familiar, estudios de ciencias naturales en la Universidad de Ginebra. Pero ya desde antes le interesaban los estudios históricos sobre las lenguas, tan en boga en su tiempo, y le rondaba la idea de un sistema universal o general del lenguaje, así que asistió en la universidad a cursos de indoeuropeo. En 1876 decidió ir a la Universidad de Leipzig a estudiar lingüística indoeuropea, pero antes de partir ya había sido admitido en la Société de Linguistique de Paris (SLP), en cuya revista publicó algunos artículos ese mismo año.

Durante cuatro semestres estudió en Leipzig gramática comparada, lenguas eslavas, celta, germánico y sánscrito. Y, siendo todavía estudiante (21 años), publicó su importante Memoria sobre el sistema primitivo de las vocales en las lenguas indoeuropeas, que daba prueba de su precocidad y valía intelectual, pues sentó la base de los estudios subsiguientes sobre morfología indoeuropea. Estudió otros dos semestres en Berlín y volvió a Leipzig a defender su tesis doctoral en 1880, sobre el sánscrito.

Ese mismo año (Saussure contaba solo 23) participó en las sesiones de la SLP y asistió a cursos sobre lenguas, y al año siguiente fue nombrado lector de la École Pratique des Hautes Études, donde impartió gótico, alto alemán antiguo, sánscrito, latín, persa y lituano a un buen número de estudiantes que más tarde serían famosos lingüistas. Hasta que en 1891 la Universidad de Ginebra le ofreció la cátedra de Sánscrito e Indoeuropeo.

A partir de este nombramiento, Saussure renovó su interés juvenil por la lingüística general. En la década siguiente publicó poco, pero en 1894 intentó escribir un libro sobre la materia que no logró terminar. Algunos historiadores creen que en buena medida por la incomprensión que notaba a su alrededor respecto a sus avanzadas ideas, que muchos académicos no parecían estar preparados para asimilar. Además de las clases de sánscrito a las que lo obligaba su cátedra, impartió otras muchas materias: fonología y morfología griega y latina, diversos dialectos griegos, sobre Homero, lingüística geográfica y sobre los nibelungos.

En 1906 se le solicita que imparta un curso de lingüística general. Al final fueron tres: 1906-07, 08-09 y 10-11. En ellos aprovecha para exponer las leyes y principios metodológicos que explicaban los descubrimientos que había ido haciendo al estudiar la evolución de las lenguas. Quienes asistieron a esos cursos lamentaron que de aquellas clases no saliera un libro y, al morir poco después el maestro, indagaron en los manuscritos para editar sus apuntes. Pero nada hallaron: «Grande fue nuestra decepción: no encontramos nada [...]. Había, pues, que recurrir a las notas y apuntes de los estudiantes». Así fue como Charles Bally y Albert Sechehaye editaron en 1916 el Course de linguistique générale que cambió el rumbo de la lingüística, modernizándola.

Esperamos que dentro de tres años, el centésimo aniversario de la publicación del Course tenga otra repercusión más amplia.

Las dicotomías de la lingüística moderna

Es universal el reconocimiento de Ferdinand de Saussure como padre de la lingüística moderna. La publicación del Course de linguistique générale en 1916 supuso la puerta de entrada al estudio sistemático y metodológicamente científico del lenguaje y las lenguas. Hasta entonces, más que lingüística lo que había era filología, es decir, estudio histórico y comparado de las lenguas e interpretación de textos.

Es muy difícil sintetizar lo más importante de una obra que ha abierto tantos campos como el Course, que tantas interpretaciones y exégesis ha tenido. Quizá la idea clave es que el autor consideraba que la lengua es un sistema, es decir, más que elementos o partes que se suman lo que da entidad a una lengua son las relaciones entre sus partes, su estructura (de aquí que se hable de lingüística estructural para referirse a los estudios que partieron de las ideas de Saussure). Esta idea implica que lo importante en una lengua no es que una a suene como una a y una p como una p; esto es secundario, pues lo importante es que la a no se confunda con la e o con la o y que la p se diferencie de la b y de la m y de la f.

A partir del Course, la lingüística moderna ha ido optando por alguna de las partes de las dicotomías que presentó Saussure. La primera establecía que la lingüística debe estudiar la lengua, no el habla, pues la lengua es el sistema general, un acervo social, mientras que el habla es cada actuación particular e individual del sistema. La segunda dualidad recomendaba centrarse en una sincronía, es decir, acotada en un espacio corto en que una lengua presente una cierta homogeneidad con respecto a las variaciones que sufre a lo largo del tiempo. El maestro ginebrino sabe que la realidad de la lengua es diacrónica (esto es, cambiante con el paso del tiempo), pero necesita hacer esta abstracción metodológica para emplear el bisturí estructuralista.

Saussure también precisó que el objeto de la lingüística, la lengua, es una forma, no una sustancia, lo cual tiene que ver con el concepto de valor dentro del sistema. Explicaba que, si todos los hablantes de una lengua se ponen de acuerdo, no hay inconveniente en dejar de llamar a las cosas de una manera para hacerlo de otra, siempre y cuando se mantengan las oposiciones que relacionan unas unidades con otras. Y, finalmente, estableció la dicotomía entre relaciones sintagmáticas y paradigmáticas, que, como la anterior, tiene que ver con la primera dualidad. Las sintagmáticas son relaciones que establecen las unidades lingüísticas al disponerse en la cadena hablada; son las que hacen que, por ejemplo, con «relaciones» vaya «las» y no «los». Las paradigmáticas se dan en la lengua y sirven para oponer, por ejemplo, las diferentes formas de un verbo.

Para saber más

Habrás visto en el texto que Saussure fue sobre todo un estudioso de multitud de lenguas distintas, varias de ellas ya extintas, pero la que enseñó durante más años fue la indoeuropea. Pues sabrás que no es una lengua documentada y hasta es imposible demostrar que haya existido. La lingüística comparada la ha reconstruido para poder explicar las evoluciones que observaba en otras lenguas conocidas. El indoeuropeo es una especie de lengua «madre» de la mayoría de las familias de lenguas que se hablan en Europa y parte de Asia: indoaria, irania, armenia, helénica, románica, germánica, eslava, báltica, iliria y celta. De la familia románica forman parte, como sabrás, el gallego, el español y el francés.

Actividades

- Habréis mirado en el diccionario qué es eso de dicotomía, ¿no?

- ¿Crees que la palabra «lector» está usada en su sentido habitual? ¿En qué consiste el trabajo al que dedicó Saussure parte de sus primeros años?

- Un juego para entender la dicotomía forma-sustancia. Proponed en clase un cambio «sustancial» en la lengua para ver qué pasa. Por ejemplo, intercambiad el pasado simple con el presente, para decir «Ayer estoy en Mallorca y hoy fui a París»; o el singular con el plural: «Ayer como sopas y dos chuleta». ¿Qué ocurre? ¿Es fácil entenderse?

- Otro juego para entender que lo importante es la forma: ¿Tihatibéis tijutigatido tialtigutina tivez tial tijuetigo tide tipotiner tiun tisotinitido tidetilantite tide ticatida tisítilatiba?

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