La vida en las profundidades marinas

> Alfredo J. Veiga

ESCUELA

Las macrúridos son habitantes comunes de las profundidades abisales
Las macrúridos son habitantes comunes de las profundidades abisales NOOA OCEAN EXPLORER

Los fondos oceánicos cuentan con un censo biológico muy interesante

24 abr 2013 . Actualizado a las 13:39 h.

Casi tres cuartas partes de la Tierra están cubiertas por el agua de los océanos, cuya profundidad media es de unos 4 kilómetros. Este vasto mundo submarino constituye el hábitat más extenso del planeta, pero también es el gran desconocido. Cada vez que el hombre se asoma a estos fondos encuentra cosas nuevas y, a menudo, extrañas y sorprendentes.

En la superficie terrestre, donde inciden cada día los rayos del sol, los vegetales se encargan de transformar la materia inorgánica de las sales minerales en materia orgánica, gracias al proceso de la fotosíntesis. Los vegetales constituyen así el sustento del resto de los seres vivos, ya que sirven de alimento a los herbívoros y estos, a su vez, a los carnívoros. Esto mismo es lo que ocurre en aguas poco profundas e iluminadas por la luz del sol: los vegetales encargados de realizar la fotosíntesis son las algas, tanto las microalgas del plancton como las grandes algas que viven en las rocas de la costa. Sin embargo, a medida que profundizamos en el océano, la luz disminuye tanto en cantidad (energía luminosa) como en calidad, de modo que las radiaciones infrarroja y ultravioleta se pierden a los pocos centímetros, el rojo a unos cuantos metros y a entre 75 y 100 metros profundidad todo es de un monótono color azul-verdoso.

Un mundo sin luz

A partir de los 200 metros de profundidad, donde la energía de la luz solar es tan escasa que ya no es posible la fotosíntesis, entramos en la llamada zona afófica, un mundo dominado por la oscuridad, las altas presiones y las bajas temperaturas. A pesar de ser la zona más amplia del planeta, es también la más desconocida, alberga extrañas criaturas y guarda secretos que poco a poco vamos conociendo.

El fondo marino profundo se caracteriza por la ausencia de luz, por una presión muy elevada (que aumenta a razón de 1 kilo por centímetro cuadrado cada 10 metros de profundidad) y por una temperatura muy fría, que suele estar por debajo de los 4 grados aunque no siempre es así. Durante muchos años se creyó que el único alimento disponible en esta zona tendría que proceder desde la superficie, en una suerte de nieve orgánica que alimentaría las escasas formas de vida que vivirían allá abajo. De hecho se creía que no habría vida más allá de los 600 metros de profundidad y que los fondos abisales debían de ser depósitos de restos caídos desde la superficie que configurarían un paisaje de relieves suaves y homogéneos. Sin embargo la realidad es otra y los fondos oceánicos cuentan con un censo biológico nada despreciable, con relieves más escarpados que la mayor de las cordilleras terrestres que podamos imaginar y con los valles más extensos del planeta.