Los estereotipos masculinos y femeninos también se reflejan en los juguetes
19 dic 2012 . Actualizado a las 13:18 h.Las niñas no nacen pirrándose por el color rosa, ni los niños odiándolo. Eso se lo enseñamos nosotros, sus padres y madres, con nuestras propias preferencias y actitudes. ¿O acaso nos atrevemos a vestir al bebé (varón) con un trajecito rosa con patucos a juego? Por no hablar de los programas de televisión, la publicidad, los juguetes pensados para uno u otro sexo... los estereotipos de siempre siguen transmitiéndose de generación en generación. A ellos les gusta la aventura, la acción, el riesgo. Ellas se divierten poniéndose guapas o cuidando de sus bebés.
Son tantos los gestos imperceptibles que absorben los niños y niñas desde que tienen uso de razón, y que perpetúan los roles asignados por la sociedad, que llegamos a pensar que somos así por naturaleza. Pero no a todas las niñas les gustan las muñecas, ni a todos los niños jugar al fútbol.
El Seminario de Educación para la Paz propone a padres y madres que reflexionen acerca de algunas cuestiones importantes.
¿Por qué forzar a las niñas a probar juguetes «de niños» y viceversa cuando no lo hacen de forma espontánea?
No se trata en ningún caso de imponer nada. En realidad el problema estriba en considerar espontáneo, innato, connatural algo que es aprendido, educacional y cultural. Nuestros niños y niñas imitan pautas de conductas observadas en los mayores y asumen los roles vividos en sus casas, en el colegio, en la calle. Y después los reproducen fielmente. Lo importante es ofrecerles nuevos patrones y modelos de relación entre sexos. Se trata de superar la dualidad tradicional «esto es de niños» y «esto es de niñas» y permitir que los juguetes sean empleados por ambos sexos indistintamente.
Cambiar los juguetes antes de que cambie la sociedad, ¿no es empezar la casa por el tejado?
Los hombres cambian pañales, hacen de comer, limpian la casa, pasean los carritos de sus bebés... pero el muñeco que llora se sigue dirigiendo al público femenino. La sociedad ha evolucionado mucho en los últimos años, mientras que los juguetes reflejan la sociedad de hace 20 años o más. El hecho de que los medios de comunicación, la publicidad o los cuentos infantiles sigan dando una imagen del pasado es algo ante lo que poco podemos hacer. Pero de los juguetes que compramos a nuestros hijos e hijas sí somos responsables.
Las niñas al integrarse en juegos de chicos están en inferioridad de condiciones por fuerza, agilidad... ¿No es contraproducente para la autoestima?
No es cierto que las niñas sean menos ágiles que los niños y es muy discutible que sean menos fuertes. Para saltar a la goma de hecho se necesitan habilidades complejas y diversas, tantas o más como para jugar al fútbol. Cuando una niña intenta jugar al fútbol por primera vez le argumentan que juega mal porque es niña. Pero, si es un niño el que quiere jugar por primera vez, dirán que es un patoso o un novato. Contra eso, podrá luchar e intentar superarse. Contra ser niña poco se puede hacer... excepto ser consciente de que no es ninguna limitación real, sino un estereotipo cultural.
Puesto que las niñas son las que generalmente se integran dentro de los juegos de los niños y no tanto al contrario, ¿cómo lograr que aparezca interés por parte de los niños hacia juegos considerados de niñas?
Es lógico que para las niñas sea más fácil jugar a juegos de niños que al revés, ya que existe una actitud generalizada, inmersa en aspectos culturales y sociales, de desvalorizar aquellas tareas asignadas a las mujeres. Tendremos que revisar nuestro papel como educadores, los valores explícitos e implícitos, y desde un análisis crítico trabajar para la consecución de un verdadero cambio de actitudes.
No es el mejor camino para convencer a los niños que salten a la comba decirles que también los boxeadores, para mantener su fuerza física, realizan este ejercicio muy a menudo...