Conservar cazando

Marcos Pérez

ESCUELA

ANA GARCIA

El accidente sufrido por el rey Juan Carlos en un viaje para cazar elefantes en Botsuana reaviva el debate sobre el papel de la caza deportiva en la conservación de los ecosistemas

25 abr 2012 . Actualizado a las 12:14 h.

Cuando en 1989 el elefante africano (Loxodonta africana) fue incluido en la lista de animales en peligro de extinción, solo quedaban unos 600.000 ejemplares, apenas el 1 % de los que había en 1930. El declive de los elefantes se debe a la ocupación humana de sus hábitats y a la caza furtiva, sobre todo la que se practica para comerciar con el marfil de sus colmillos La prohibición de su caza indiscriminada y la consolidación de reservas naturales impidieron su desaparición, pero la especie todavía continúa en peligro de extinción. Paradójicamente, en algunos lugares y determinadas épocas de año la concentración de elefantes puede convertirse en un problema. No en vano se trata de los animales terrestres de mayor tamaño y los grupos familiares, liderados por una matriarca, se desplazan a grandes distancias en busca de agua y alimento. Un adulto necesita cada día cerca de 200 litros de agua y 200 kilogramos de materia vegetal. Suelen vivir alrededor de 50 años y, aunque generalmente se mantienen apartados de los humanos, algunos individuos se acostumbran a buscar comida en cultivos o depósitos de alimentos, provocando daños materiales y poniendo en riesgo a las personas.

Caza selectiva

Para afrontar el conflicto entre humanos y elefantes se han probado diversas estrategias, entre ellas la caza selectiva de machos adultos que estos días ha generado tanto revuelo. Aunque esta medida siempre ha sido polémica, lo cierto es que cuenta con el favor de buena parte de la población local, que se beneficia de la carne y el trabajo que proporcionan los adinerados cazadores occidentales. Algunas organizaciones de protección medioambiental, entre ellas el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), también apoyan la caza planificada como un instrumento más para el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. En África la caza deportiva de elefantes regulada por cuotas está permitida en 23 países y algunos que no la practican, como Kenia, se plantean autorizarla.

Quienes se oponen a estas cacerías argumentan que la mayoría de los casos de superpoblación se deben en realidad a la fragmentación del hábitat de los elefantes, y que bastaría con conectar las diferentes reservas para garantizar su adecuada distribución por el territorio. Además, los ecosistemas se regulan de acuerdo con los cambios en el clima, el suelo, las lluvias o las interacciones entre especies, por lo que intentar mantener artificialmente un determinado número de animales es en realidad luchar contra el propio equilibrio biológico.

Aun así, en los casos en los que fuese imprescindible controlar las poblaciones de elefantes, existen alternativas como ahuyentarlos con olores, ruidos y luces, regular la disponibilidad de agua o inyectarles anticonceptivos mediante dardos. En relación con los beneficios económicos, la experiencia demuestra que el turismo y los safaris fotográficos también permiten a las poblaciones locales rentabilizar el cuidado de sus propios ecosistemas.