La lucha contra el narco se afila en México, pero todavía deja 55 homicidios cada día

Emiliano Vizcaíno Arroyo
Emiliano Vizcaíno C. DE MÉXICO / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Agentes de la unidad nacional de operaciones vigilando la calle para evitar actos vandálicos
Agentes de la unidad nacional de operaciones vigilando la calle para evitar actos vandálicos Luis Cortes | REUTERS

En los últimos seis años diferentes cuerpos lograron detener a delincuentes de la talla de Caro Quintero y Ovidio Guzmán

25 feb 2026 . Actualizado a las 12:15 h.

Como si de un péndulo se tratase, las estrategias de combate al narcotráfico han variado drásticamente con el cambio de administraciones. Cada nuevo presidente tiene como primera obligación atender el problema más grande que aqueja a México: la inseguridad. El país vive una crisis humanitaria desde el 2006. Las políticas del Gobierno en turno se han visto ligadas al espectro político del mismo; los de centroderecha han puesto el enfoque en un combate directo, mientras que los de izquierda en causas estructurales y operativos específicos. Sin importar la perspectiva tomada, la realidad es abrumadora: hay partes del país en las cuales el Estado quedó rebasado. A pesar de la narrativa oficial de conflictos solo entre clanes, la sociedad civil ha pagado el mayor daño de todas estas políticas fallidas de seguridad. En el 2025, el promedio de homicidios dolosos diarios a nivel nacional rebasaba los 54,7. A su vez, en la actualidad, se tiene un registro espeluznante de más de 128.000 personas desaparecidas. Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a Palacio Nacional en el 2018, se realizó un análisis certero de combatir las causas, emplear una campaña masiva de prevención y establecer operativos concretos. Pero, en la práctica, su enfoque fue el de la pasividad y el de repartir culpas sin aceptar su responsabilidad. Atribuyó la crisis actual al mandato de Felipe Calderón iniciado en el 2006, por su declaración de guerra al narcotráfico. La política de AMLO se resume en la pegadiza —ahora desafortunada frase— «Abrazos, no balazos». Con ella anunció el fin de la guerra contra el narco.

La nueva Guardia Nacional

Mandó al Ejército de regreso a los cuarteles, pero desapareció a la Policía Federal y creó una nueva entidad militarizada llamada la Guardia Nacional, cuyo comportamiento y vestimenta, quitando el color de las insignias, se asemejan a los de las Fuerzas Armadas. Durante su mandato se rompieron los récords de detenciones, con 12.319 delincuentes relacionados con el tráfico de drogas apresados. Se logró detener a nombres de la talla de Caro Quintero y Ovidio Guzmán. También debilitó a carteles establecidos, pero el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) se hizo más fuerte que nunca y extendió su reino del terror a todo el país. Al final, a pesar de aprehensiones de alto impacto, el número de asesinatos y la percepción de inseguridad seguían por las nubes. La guerra contra el narco no concluyó, solo cambió de nombre. Entre el 2019 y el 2025, 183.454 personas fueron víctimas de homicidio doloso. La abrumadora victoria de Claudia Sheinbaum en el 2024 y un gran respaldo legislativo otorgaban a su Gobierno una hoja de ruta propia para establecer una estrategia de seguridad a su gusto. Había grandes expectativas sobre qué senda tomaría, la del conflicto directo o la de su mentor, AMLO. De la mano de Omar García Harfuch, su hombre de confianza en temas de seguridad, habían logrado resultados positivos en la Ciudad de México que se esperaba que se tradujeran a su nueva responsabilidad. Su enfoque inicial se basó en «atención a las causas, cero impunidad en el marco de la ley. Nuestra búsqueda es la paz, no es la guerra», una perspectiva alineada con lo visto en el sexenio anterior. Pero con la llegada de Donald Trump al poder, las políticas de Sheinbaum se vieron modificadas hacia medidas más estrictas. Extradiciones al por mayor, una presencia absoluta de la Guardia Nacional en las calles y detenciones de capos de alto rango han definido esta relación con Trump. Por la presión ejercida por el vecino del norte y ante la amenaza latente de una invasión, a la presidenta no le ha quedado otra que dejar los «abrazos» para los discursos y los «balazos» para la sociedad, otra vez. El cruento abatimiento del Mencho da fe de la estrategia de ahora en adelante.