Una mujer, acusada de envenenar a sus familiares en una cena en la que murieron tres personas: «Quizás incluí por error alguna seta recolectada»
INTERNACIONAL
La Fiscalía cree que la investigada utilizó las letales «Amanita phalloides» para cocinar un solomillo Wellington con el que se deshizo de sus exsuegros
08 sep 2025 . Actualizado a las 12:02 h.Erin Patterson, una mujer australiana de 50 años, está siendo juzgada en un mediático caso como sospechosa de matar a tres personas e intentar asesinar a una cuarta envenenándolas con las letales setas Amanita phalloides. La acusada organizó el 29 de julio del 2023 una cena mortal en su casa. Asistieron sus exsuegros, Don y Gail Patterson, ambos de 70 años; la hermana de Gail, Heather Wilkinson, de 66, y el esposo de esta, Ian Wilkinson. La anfitriona había invitado también a su exmarido, aunque este no acudió.
La organizadora se pensó muy bien qué plato preparar. Optó finalmente por uno que hacía su madre en ocasiones especiales: el solomillo Wellington, consistente en una tira de buey cubierta por setas y hojaldre. Preparó la carne, usó varias especies de hongos que tenía en su despensa y, cuando terminó de preparar su plato estrella, sirvió las raciones individuales a sus comensales.
La cena duró unas horas. Erin charló durante buena parte del encuentro, contándoles a sus invitados que le habían detectado un cáncer de ovarios. Tras el encuentro, se despidió de los asistentes a la cena y limpió la cocina.
Los efectos del banquete fueron devastadores. Los exsuegros de Erin, Don y Gail, y la hermana de esta, Heather, fallecieron días después, tras fuertes síntomas de intoxicación. Solo sobrevivió, después de pasar días ingresado en estado crítico en el hospital, Ian Wilkinson. Es el único asistente a la cena además de la propia anfitriona que puede contar algo de esa velada.
La versión de la acusada
Erin Patterson está ahora siendo juzgada como sospechosa de matar deliberadamente a tres personas y de intentar asesinar también a una cuarta a través de un envenenamiento con Amanita phalloides, que según la Fiscalía formaban parte del relleno del solomillo Wellington.
La mujer niega los hechos completamente. Afirma que, de haber esas setas letales en el plato que sirvió ese día, se trataría simplemente de un accidente fatal. Patterson se ha escudado en el juicio en que ella también sufrió efectos gastrointestinales tras la fatídica cena.
Según ha narrado ante el jurado, tras recoger la cocina, se pegó un atracón con varios trozos de un bizcocho de naranja que había traído su exsuegra, y poco después empezó a sentirse mal, lo que la hizo ir al baño a vomitar toda la comida. Contó que había sufrido en secreto bulimia desde su adolescencia, lo que la hacía, habitualmente, comer con ansiedad y devolver todo lo ingerido previamente.
«Me sentí mejor», declaró. Pero la incomodidad gastrointestinal volvió, lo que la hizo acudir al hospital un par de días después. Allí, se quedó supuestamente «sorprendida y confundida» cuando los médicos le preguntaron si había alguna posibilidad de que hubiera consumido Amanita phalloides, conocida popularmente como «el hongo de la muerte».
Aunque había afirmado en un primer momento que solo había utilizado setas deshidratadas adquiridas en una tienda de alimentación asiática unos meses antes, Patterson declaró que en su despensa podía haber también otros tipos de hongos. «Ahora que lo pienso, quizás tenía también algunos que había recolectado yo», explicó.
Las setas podían ser, según su versión, de algunas «especies salvajes» que había recogido en los alrededores de una de su vivienda en el 2020 y que quería probar para «incluir más sabores» en sus comidas. Hongos que ella misma había secado con un deshidratador de alimentos y que había mezclado con los comprados en tienda.
Patterson aseguró ante el jurado que, tras servir la comida, les dijo a sus invitados que cogiesen uno de los platos mientras ella terminaba de preparar la salsa, y niega que hubiera sitios en la mesa o platos asignados.
La sospechosa confesó que, durante esa cena, había comido poco. «Quizás un cuarto, o un tercio, algo así», confirmó, escudándose en que se pasó la mayor parte de la comida hablando.
También reveló que el tema principal de esa conversación, el de su cáncer, era falso. Se lo inventó para intentar congraciarse con su familia política, siete años después de su separación de su marido, para que así la ayudasen con sus niños mientras ella se sometía a una cirugía de baipás gástrico. «No se lo quería decir a nadie, porque me daba vergüenza», se justificó.
Las sospechas contra ella
La declaración del único testigo de la cena, Ian Wilkinson, pone la sombra de la sospecha sobre Erin. Según su declaración, la anfitriona fue en todo momento muy arisca a la hora de aceptar ayuda con los preparativos de la comida. «Noté a Erin muy reacia a que visitáramos su despensa», contó el único invitado superviviente.
Wilkinson afirma que Erin tuvo una actitud sospechosamente insistente con algunos temas. Especialmente, a la hora de servir personalmente la comida o de aislarse en la cocina. Él apunta también al color de los platos. Según su versión, los de los cuatro invitados eran grises, mientras que el de la acusada era de color naranja tostado. La sospechosa lo niega, y asegura que no tiene ningún plato gris en su vivienda.
Los médicos que trataron a Erin de su malestar gastrointestinal también han dejado la puerta abierta a la sospecha, ya que afirman que, aunque la acusada tenía algún síntoma, no eran tan intensos ni tan graves como los que presentaron el resto de personas que comieron esa cena en su casa. No eran semejantes siquiera a los del único superviviente, que estuvo días en estado crítico.
Otro de los comportamientos sospechosos de la mujer fue el hecho de que tirase el deshidratador de alimentos que usó para secar las setas recolectadas, y que borrase el contenido de su teléfono móvil. Ella se escuda en que, cuando salió del hospital tras su malestar gástrico y las cuestiones de los médicos sobre las setas venenosas, su exmarido le preguntó: «¿Es así como mataste a mis padres?». Un supuesto comentario que su ex niega haber dicho nunca.
Esto habría sido, en su versión de los hechos, lo que la hizo ponerse nerviosa y tirar la máquina en un vertedero local. «Tenía miedo de que me culpasen de que la gente se hubiera intoxicado tras mi cena», declaró.
La Fiscalía sospecha que Patterson sirvió deliberadamente el plato cocinado con setas venenosas con la intención de asesinar a toda su familia política, mientras que la defensa considera que se trató de un trágico accidente.