Los pactos tienen sus consecuencias

La Voz

INTERNACIONAL

Los grandes avances que la Administración Biden ha hecho para revitalizar las alianzas de EE.UU. y aumentar las contribuciones de los aliados a la seguridad en la región del Indo-Pacífico son esenciales en esta era de equilibrios de poder cambiantes y de competencia estratégica. Pero Biden debe saber que cuando los líderes estadounidenses prometen reimaginar las alianzas de Washington y trabajar hacia «una nueva visión del siglo XXI» de «disuasión integrada», Pekín podría perseguir lo mismo con sus propios socios estratégicos.

Esto no quiere decir que Washington debería distanciarse de sus aliados con la esperanza de moderar el comportamiento de China. Después de todo, las decisiones de Pekín se basarán principalmente en sus propias ambiciones y en su visión estratégica. Sin embargo, la Administración de Biden haría bien en considerar cómo sus éxitos para reunir aliados podrían afectar a las percepciones de amenaza de Pekín y, sin saberlo, estimular la creación de una red de alianzas rival liderada por China.

Se debe pensar seriamente ahora en cómo vivir con o, mejor aún, prevenir tal resultado. Los esfuerzos en este sentido deberían incluir soluciones para que China pueda continuar invirtiendo en relaciones estables con Estados Unidos y sus aliados, asegurándose de comprometerse con una amplia gama de Estados, no solo con democracias afines, para que aquellos fuera del círculo tradicional de amigos de Estados Unidos no lleguen a la conclusión de que su mejor o única opción es arrimarse a Pekín. La previsión y planificación estratégicas serán esenciales para evitar la deriva hacia un mundo verdaderamente dividido, con un bloque opuesto dirigido por una China más intervencionista.