Se esperaba que el ataque de la semana pasada a una instalación petrolera clave en Arabia Saudí, facilitado o puede que incluso ejecutado por Irán, provocase una escalada del precio del crudo, y así ha sido. Y se mantendrá alto por un tiempo. Los saudíes dicen extraoficialmente que repararán los daños en unas semanas y que mientras tanto pueden usar su reserva para compensar la caída de la producción; pero ese no es el problema, sino los seguros y los costes de transporte, que ya subieron de golpe después de los ataques a petroleros en el Golfo Pérsico en el verano y que ahora se van a poner por las nubes.

Eso no tiene fácil remedio, sobre todo porque seguramente haya nuevos ataques en un futuro próximo. Irán ha demostrado la extrema vulnerabilidad de sus enemigos saudíes y va a aprovecharla a fondo. Sobre todo, porque esa vulnerabilidad tampoco tiene fácil remedio. El sistema de defensa antiaérea del que dispone Arabia Saudí ha resultado ser obsoleto e inoperante, pero lo cierto es que todavía no se ha inventado nada eficaz contra este tipo de ataques con drones a baja altura. El mejor sistema lo tienen los rusos, que es poco probable que se lo quieran vender, y ni siquiera es totalmente fiable.

Pero, además, el ataque iraní ha desvelado otra vulnerabilidad saudí, quizás más importante que la militar: la diplomática. Riad ha comprendido finalmente que Washington no está dispuesto a ir a la guerra por ellos, como hizo en la Guerra del Golfo de 1991. El cese del halcón John Bolton (en la imagen) como consejero de seguridad nacional ya confirmó en su momento que el presidente Trump se mantiene en la línea no intervencionista. Un conflicto armado a gran escala con Irán pondría en peligro su reelección el año que viene, además de que, siendo realistas, sería una aventura de final incierto. Incluso parece que los propios saudíes lo están entendiendo así. Visto lo visto, una guerra con Irán comenzaría con la destrucción de toda la infraestructura petrolera saudí, sus puertos y sus plantas potabilizadoras. Pasase lo que pasase a partir de ahí, Arabia Saudí habría cesado de existir.

De modo que solo queda un camino lógico, que probablemente se irá abriendo paso en las próximas semanas o meses: una nueva negociación con Irán por parte de Estados Unidos que resuelva o aparque el contencioso nuclear. Por su parte, los saudíes no van a tener más remedio que aceptar su derrota en el Yemen y llegar también a un acuerdo con sus enemigos, los hutíes proiraníes. Para que se den estos pasos se necesita un cambio brusco de la inercia política tanto en Riad como en Washington, así que veremos, seguramente, más ceses como el de Bolton -quizás el próximo en irse sea Mike Pompeo-. Trump tendría que afrontar la resistencia del núcleo duro del partido republicano, pero si los saudíes se ablandan y se confirma la caída de Netanyahu en Israel, esa resistencia no será muy entregada. Aunque, por supuesto, lo más lógico no es siempre lo que acaba sucediendo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
12 votos
Comentarios

Arabia Saudí e Irán, una guerra poco probable