El Gobierno Bolsonaro, cada vez más caótico y débil

La caída de dos ministros en apenas un mes cuestiona la credibilidad del Ejecutivo brasileño


Brasilia / corresponsal

Ricardo Vélez podría ser el segundo ministro en salir del Ejecutivo brasileño en apenas un mes, mientras la reforma de las pensiones encalla en el Congreso. Las últimas horas de Ricardo Vélez como ministro brasileño de Educación no están siendo nada fáciles. Su cargo pende de un hilo después de que el presidente, Jair Bolsonaro, confesase que su nombramiento «no está funcionando» y el efectivo despido parece aguardar al retorno del mandatario de su viaje oficial a Israel (donde ha tenido su segunda entrevista con Benjamin Netanyahu en apenas tres meses). Mientras espera lo que parece inevitable, Vélez se llevó un duro varapalo público en la Comisión de Educación del Congreso a cargo de una diputada novata de 25 años. «Ya pasaron tres meses y no puede presentarse aquí con un Power Point y dos o tres deseos para cada área de la educación», le espetó Tabata Amaral, para regocijo de las redes sociales.

Vélez está a punto de convertirse en el segundo alto cargo cesado en el cada día más débil y caótico Gobierno de Bolsonaro. Hace un mes cayó el ministro de la Secretaría General, Gustavo Bebianno, expresidente del partido que acoge al clan Bolsonaro y coordinador de su exitosa campaña, por un caso de financiación irregular que también salpica al ministro de Turismo, por ahora en el cargo y guardado en la nevera. El caso de Vélez no responde a presunta corrupción, sino a la incapacidad de poner en marcha uno de los ministerios estratégicos para Bolsonaro. Educación, la cartera con el tercer mayor presupuesto del país, tenía que ser punta de lanza de la limpieza moral, ética e ideológica que planeó el ahora presidente. Para ello escogió al colombiano Vélez, filósofo de cuestionable calado académico y nula experiencia en el ámbito educativo. Indicado por el gurú de la familia Bolsonaro, el polémico Olavo de Carvalho, Vélez no ha sabido manejar las tensiones en su departamento entre empleados exalumnos de Carvalho y cargos indicados por los militares.

Hasta 16 dimisiones y despidos se sucedieron en Educación desde la llegada de Vélez, cuya única propuesta reseñable fue la de pedir cantar el himno brasileño en las aulas, repetir el eslogan de campaña de Bolsonaro y grabarlo en vídeo para fines propagandísticos. La última crisis la generó la salida del responsable Instituto Nacional de Estudios Educacionales, Marcos Vinicius Rodrigues, por oponerse a la retirada del test de alfabetización. «Vélez es buena persona, pero no está preparado ni en la gestión ni en educación», regaló en su adiós.

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