Bruselas / corresponsal

A cuatro días de expirar el plazo, Italia ha acabado cediendo en el último suspiro a la presión de sus socios europeos para ampliar otros seis meses el mandato de la operación Sofía contra las mafias de inmigrantes en el Mediterráneo Central. Lo ha hecho a regañadientes y bloqueando el despliegue de cualquier barco de la misión que arrancó el 22 de junio del 2015 para luchar contra las redes de tráfico asentadas en la costa de Libia.

¿Por qué este rechazo feroz? Con los años, los buques movilizados en esta región marítima han acabado realizando labores de rescate de migrantes en alta mar. Las estimaciones apuntan que, desde su puesta en marcha, esta operación consiguió salvar de una muerte segura a 45.000 migrantes y acabó deteniendo a unos 150 traficantes. Para el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, no hay nada que celebrar. El ultraderechista no quiere que sus buques sigan operando porque, a menudo, el destino de los supervivientes son los puertos italianos. El líder de la Liga Norte no quiere más desembarcos en sus costas. No, a menos que otros países asuman la responsabilidad de acoger a todos y cada uno de los migrantes. Y ese es un debate enquistado desde hace años en Bruselas. No hay expectativas de avance en las negociaciones sobre el nuevo sistema común de asilo. 

La obcecación de Salvini

Para Bruselas la obcecación de Salvini es un contratiempo mayor. «Sofía es una operación marítima y es evidente, que, sin recursos navales, no podrá cumplir eficazmente su mandato», criticó la portavoz comunitaria, Maja Kocijancic, antes de anunciar que buscarán una fórmula para sortear el veto italiano y amortiguar los riesgos que acarrea la liquidación de esta misión. Por el momento solo quedan dos barcos (el Rayo español y el Luigi Rizzo italiano) operando en la zona. A pesar del enrocamiento del Gobiernos de Roma, Bruselas tiene la esperanza de que se pueda llegar a un acuerdo sobre el despliegue de buques después de las elecciones europeas, previstas para el 23-26 de mayo.

Las cifras siguen empeñadas en llevar la contraria a Salvini. La UE da por terminada la crisis migratoria del 2015. Al país alpino llegaron el año pasado 23.370 migrantes, frente a los 120.000 del 2017. Una tendencia a la baja que se asienta sobre la mano dura del Ejecutivo italiano con la inmigración, el mayor control y vigilancia costera en Libia, el trato cruel de las autoridades del país norteafricano y la apertura de una nueva ruta hacia Europa: España. El país se consolidó en el 2018 como la principal puerta de acceso de inmigrantes al continente con 57.034 llegadas, según Frontex.

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La operación de la UE contra las mafias de migrantes se queda sin barcos