La dama de titanio, abollada

Francisco Espiñeira Fandiño
FRANCISCO ESPIÑEIRA REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

Pilar Canicoba

Hija única de un vicario de Eastbourne, tiene fama de tozuda y conservadora. También de un nulo instinto político

13 dic 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

«Soy una mujer jodidamente difícil», se autodefinía Theresa Mary May, de soltera Brasier, en una de sus múltiples peleas por el liderazgo tory, partido en el que milita desde antes de entrar en Oxford para estudiar Geografía. «Tiene los cojones de acero», elogiaba ayer a modo de apoyo la líder conservadora de Escocia, Ruth Davidson, escribiendo el primer sustantivo en perfecto castellano.

El listado de adjetivos con los que ha sido calificada por sus amigos y enemigos es infinito. Tozuda, perseverante, laboriosa, diligente, trabajadora, detallista, tecnócrata, escasamente imaginativa, carente de intuición política, sin instinto, inflexible... Pero si algo define su trayectoria como ministra en los últimos dos años y medio es su carácter luchador contra las intrigas de los suyos. Theresa May (1 de octubre de 1956) es una superviviente.

Hija única de un vicario de la costera Eastbourne, una localidad del sur del país famosa por sus escarpados acantilados, su playa con casetas de colores mil veces retratadas, sus fresas y el torneo de tenis que sirve de preámbulo a Wimbledon, May está considerada de forma despectiva por sus adversarios una ce minúscula, conservadora y tradicional, sí, pero a años luz del poderío y el liderazgo que se le supone a la C mayúscula, con la que se designa al partido conservador: Conservatives.