La eurofobia, la inestabilidad de los países del sur, el «brexit», la debilidad del eje franco-alemán y Trump hacen temblar los cimientos del club comunitario
03 jun 2018 . Actualizado a las 09:23 h.Si la UE no se reforma, acabará muriendo. Solo es cuestión de tiempo que irrumpa una nueva crisis, quién sabe si más virulenta que la de la última década. Es el mensaje que vienen repitiendo desde hace años los economistas para forzar a las cancillerías europeas a apuntalar el incompleto y frágil proyecto comunitario. Los deberes no se han hecho desde que el último drama griego casi se lo lleva por delante. No se ha completado la unión económica y monetaria, no se han cerrado las enormes desigualdades territoriales y sociales que legó la gran recesión y la gobernanza sigue siendo igual de compleja y poco transparente. «Ante la ausencia de políticas para fortalecer la estabilidad y sostenibilidad, las opciones de un eventual colapso son mucho mayores», advertía hace un año escaso el exjefe del FMI Kenneth Rogoff. Un año en el que han aparecido múltiples crisis a lo largo y ancho de la UE. La más contagiosa anida en el corazón de las principales capitales europeas. De París a Ámsterdam, Budapest o Roma, la eurofobia ha echado raíces. A este problema se suma ahora la inestabilidad política en dos de las cuatro grandes potencias del euro: España e Italia.
Gasolina para el vuelco
El legado de los recortes, reformas, corrupción y las promesas incumplidas por Berlín para aliviar el peso de la austeridad al sur de Europa han sido gasolina para dar un vuelco político en los dos países. Los ojos están puestos en las cuentas públicas españolas. Bruselas no quiere que el Gobierno de Sánchez toque los presupuestos, teme que un desvío de los objetivos actuales acabe poniendo al país de nuevo en la picota. Más ahora que los mercados están revolucionados porque la eurófoba Liga Norte y el populista Cinco Estrellas se han hecho con el timón de Italia. Su programa hace temblar a Bruselas. La deuda del país es una bomba de relojería. La UE lo sabe. El experto del think tank Bruegel, Alessi Terzi, urge a tomar decisiones inmediatas «en lugar de dejar la casa en llamas», como viene haciendo Angela Merkel desde que el bloque capeó el temporal. Su inacción, falta de ambición en el proyecto de integración y su nula sintonía con Emmanuel Macron están empujando a la UE a un callejón sin salida.
Todas las propuestas del presidente francés para avanzar en la unión fiscal han sido frenadas en seco por la canciller germana. El eje francoalemán no funciona. Ha parado los motores en el peor momento posible: Con Polonia y Hungría saboteando la reforma del asilo, países como Italia y España políticamente ausentes, las elecciones europeas a un año vista y con la negociación entre manos de los presupuestos de la UE, que tanto desean recortar los países del norte.
«Italia sufre una crisis de nervios, España está lastrada por sus problemas internos, Polonia protesta con fuerza, el Reino Unido se va, y Alemania está recostada en el sofá. Es una familia disfuncional», señaló con retranca el historiador británico Timothy Garton a The Guardian. Entre toda la maraña de problemas caseros, hay otros dos que pueden acabar poniendo el broche al sainete: el brexit y la guerra comercial con Estados Unidos. Los británicos siguen corriendo en círculos a la espera de que alguno de los Estados miembro rompa filas. Las negociaciones han embarrado. ¿Qué pasará con Trump? Si la escalada comercial continúa, la economía de la UE sufrirá mucho. Solo si el eje francoalemán continúa unido se podrá evitar que la caprichosa política comercial del magnate estadounidense acabe desgastando y restando poder de influencia a la UE. Una vez más, Berlín tendrá que decidir si apuesta por el proyecto o protege a su industria al grito de ¡sálvese quien pueda!
Salvini inicia hoy su agenda antiinmigración en Sicilia
«¿Qué les puedo decir a los que tienen miedo de este Gobierno? Somos elegantes, sonreímos, somos democráticos», dijo ayer el ministro del Interior, Matteo Salvini, antes del desfile militar de la Fiesta de la República, el primer acto institucional del nuevo Gobierno de Italia. Unas declaraciones que se diluyen ante las primeras polémicas y movimientos de la coalición entre la Liga y el Movimiento 5 Estrellas para poner en marcha su programa eurófobo y antiinmigración.
«Las familias gay no existen ante la ley», afirmó el nuevo ministro de Familia y Discapacidad, Lorenzo Fontana, al Corriere della Sera, a pesar de que una ley aprobada en la última legislatura reconoce esas uniones civiles. Además, señaló que una de sus prioridades como ministro será trabajar para «disuadir a las mujeres de abortar». Fontana, número dos de la Liga y de 38 años, es un católico convencido que se opone al aborto y defiende «la familia natural donde un niño debe tener un padre y una madre». Sus palabras han causado indignación en el colectivo LGTBI y la izquierda. El líder de la Liga, Matteo Salvini, rebajó los ánimos y dijo que «Fontana es libre de tener sus ideas, pero no son una prioridad y no están en el programa de Gobierno».
Salvini anunció a los medios que su primer paso al frente de esta cartera será viajar hoy a Sicilia. «Esa es nuestra frontera», dijo sobre la isla donde atracan la mayoría de los barcos con inmigrantes. Durante la campaña prometió expulsar a 500.000 inmigrantes irregulares presentes en Italia, ahora ve como prioritario «mejorar los acuerdos con los países» de origen de estas personas para frenar los flujos migratorios hacia Europa.
Salvini señaló que en las próximas horas conversará con homólogos europeos con los que quiere «cooperar y no pelear». El martes se reunirá con los ministros de la UE en Luxemburgo, donde se debatirá una reforma de la Convención de Dublín, la norma que regula la petición de asilo en el bloque europeo. «Si acudo será para decir no», dijo .
Mientras, Silvio Berlusconi criticó en un vídeo un Gobierno «inédito y contradictorio», que se ha unido «bajo el estandarte del populismo».