Otro intento de obtener ventaja por la puerta de atrás

Bruselas celebra la claridad de la primera ministra británica al decir alto y claro que estarán fuera del área económica

Barnier intentó marcarle el camino a May esta misma semana, pero la británica prefirió enfilar hacia el lado contrario
Barnier intentó marcarle el camino a May esta misma semana, pero la británica prefirió enfilar hacia el lado contrario

bruselas / corresponsal

May puso ayer, por fin, sujeto y predicado a una verdad tan obvia como demoledora: el Reino Unido no podrá tener un estatus privilegiado fuera de la UE a coste cero. La premier dio su brazo a torcer y reconoció por primera vez que los británicos se enfrentarán a una realidad muy dura. Quedarán fuera del mercado único y la unión aduanera, porque así lo quiere su Gobierno.

Aunque el negociador europeo, Michel Barnier, le marcó el camino esta misma semana, May prefirió enfilar hacia el lado contrario, el de la ruptura dura para sostener su Ejecutivo. Al menos a simple vista. Y es que en su discurso se han colado detalles que levantan sospechas en Bruselas. El francés celebró ayer la «claridad» británica al decir alto y claro que estarán fuera del área económica. Londres no quiere las obligaciones de un acuerdo comercial como el de Noruega ni las restricciones de acceso que impone el de Canadá. Pero, ¿qué quiere? Un acuerdo a la carta que deberá negociar a partir de este mes.

La próxima semana el presidente del Consejo, Donald Tusk, presentará las directrices de negociación del acuerdo para las relaciones futuras. Y aquí es donde May tratará de introducir a su país por la puerta de atrás en el mercado único. Para ello está dispuesta a sacrificar parte de la autonomía regulatoria del Reino Unido. La británica quiere acuñar una fórmula de acceso mutuo amparándose en la equivalencia de estándares. En otras palabras, conseguir algo parecido a la libre circulación de bienes y servicios «sin tarifas o cuotas» y sin verse sujeta a la obligación de abrir las puertas a la libre circulación de personas en su país, como exige la UE.

El responsable del Parlamento Europeo para el brexit, Guy Verhofstadt, fue el primero en detectar la maniobra y mostrar reservas. El liberal sospecha de las verdaderas intenciones de May, a la que pidió que concrete las propuestas: «Tiene que ir más allá de aspiraciones vagas». El belga cree que una relación «profunda y especial» como la que pide la británica «no puede conseguirse poniendo unas pocas cerezas extra en la cesta del brexit» y mucho menos renegociando las reglas del mercado único «simplemente para satisfacer a un partido conservador dividido».

Bruselas insiste en que aun estamos lejos de llegar a un acuerdo y algunas voces, como la del líder de los populares en la Eurocámara, Manfred Weber, aseguran que después de ayer están «más preocupados». Tusk no se pronunció todavía, pero ya le dejó meridianamente claro a May que no puede haber comercio sin fricciones fuera del mercado único y la unión aduanera, en la que tampoco participará Irlanda del Norte. Reino Unido se va, y con él, el Úlster.

May se ha asegurado el apoyo del DUP unionista reforzando la indivisibilidad de sus territorios. Pero la gran cuestión que impide cerrar «los flecos» del acuerdo sigue en el aire: ¿Cómo piensa evitar una frontera dura entre las dos Irlandas? La UE no aceptará el aislamiento de Dublín y May sigue sin ideas. Vuelve al mismo punto en el que se encontraba en agosto del 2017 cuando propuso establecer en la frontera una legislación espejo de la UE o el despliegue un sistema de alta tecnología para controlar el origen y destino de los flujos. No convence a Bruselas. Los baños de realidad están muy bien, pero como en todas las negociaciones, la letra pequeña de los acuerdos es la que cuenta.

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