Dimite un lord por llegar minutos tarde a Westminster


londres / corresponsal

En pleno debate en el Reino Unido sobre si los británicos están perdiendo los modales y las formas, un alto cargo del Gobierno británico llegó unos minutos tarde a su puesto en Westminster. ¿Resultado? No pudo contestar a la pregunta de la oposición sobre desigualdad de ingresos y un compañero tory le sustituyó para darle respuesta. El secretario de Desarrollo Internacional, lord Michael Bates, lejos de echar la culpa a un atasco o buscar otra excusa, pidió disculpas y acto seguido anunció que dimitía.

La suya fue una de las intervenciones que ya poco acostumbran a dar los políticos a los ciudadanos, honrando la responsabilidad del cargo para el que han sido elegidos. «Durante los cinco años en los que he tenido el privilegio de responder preguntas en nombre del Gobierno, siempre he creído que debemos elevarnos a los más altos estándares de cortesía y respeto al responder a las preguntas», expuso.

Bates había comenzado su intervención dirigiéndose en primer lugar a la laborista Ruth Lister, a quien había dejado plantada a las tres de la tarde. «Quiero ofrecer mis sinceras disculpas», dijo, confesando que se sentía «completamente avergonzado» por no haber estado en el lugar que debía para poder responder a la pregunta de la oposición sobre «un asunto muy importante».

Cuando todos los presentes daban por buena sus disculpas y pensaban que la sesión iba a continuar, Bates sorprendió a todos diciendo que le ofrecía su dimisión a la primera ministra con efectos inmediatos. Los gritos comenzaron entre los miembros de la Cámara de los Lores, que no podían creer lo que estaban oyendo. Un no espontáneo y al unísono fue sonando desde varios escaños, pero Bates salió de la sala sin mirar atrás. «No estoy segura de que hubiésemos respondido otros políticos de la misma manera que lo hizo él», reconoció Lister, quitándole hierro al retraso y defendiendo que la suya sería de las pocas dimisiones conservadoras que no le gustaría aplaudir.

Theresa May, de visita oficial en China y bien entrada la noche, no aceptó la renuncia. Su rápida intervención hizo que los medios bromeasen con que el jet lag de la premier consiguió que Bates se quedase. Un portavoz de Downing Street confirmó que se trataba de un episodio más de su «típica sinceridad» y que no era necesario dimitir por ello.

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