El politólogo francés Sami Naïr, experto en la primavera árabe, asegura que en Túnez «puede haber una reacción autoritaria del poder, pero no una salida militar como en Egipto»
14 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Catedrático de Ciencias Políticas y uno de los grandes especialistas en el mundo árabe, Sami Naïr (Tremecén, Argelia, 1946) es autor de libros como ¿Por qué se rebelan?, un ensayo sobre la primavera árabe, o La lección tunecina. Cómo la revolución de la Dignidad ha derrocado al poder mafioso. El que fuera asesor del Gobierno del socialista francés Lionel Jospin y eurodiputado analiza la revuelta social que ha provocado una grave crisis en Túnez. «Las protestas son una reacción a las políticas económicas ultraliberales que tienen consecuencias dramáticas para la mayoría del pueblo», señala.
-¿Cómo valora la revuelta que ha estallado en Túnez en el séptimo aniversario de la caída de la dictadura de Ben Alí?
-Túnez entró en un proceso democrático revolucionario muy profundo en enero del 2011, que ha tenido tres fases. La primera fue el derrocamiento del régimen despótico y corrupto de Ben Alí. La segunda fue la aceptación de un juego democrático en el que los islamistas podían competir políticamente e incluso tener una mayoría para llegar al poder. Fue la época que he llamado la transición difícil. Los islamistas, que trataron de islamizar la sociedad y ocuparon puestos de poder en el Estado, fueron a su vez derrocados por el pueblo. Ahora asistimos a la tercera fase, de enfrentamientos directamente sociales contra del poder. Desde el 2011 hasta hoy el pueblo tunecino ha experimentado un proceso de transición en el que sus demandas sociales no han sido escuchadas ni atendidas por las élites políticas.
-¿En qué contexto social y económico se desarrolla la revuelta?
-Las protestas tienen lugar en el contexto del debate del presupuesto del 2018, que es muy regresivo socialmente, con aumento de los precios, privatizaciones, restricciones de las subvenciones a los productos de primera necesidad y aumento de los impuestos, con un paro creciente y un aumento el coste de la vida. Por su parte, hay una especie de huelga de inversiones de las clases ricas en Túnez y una caída en picado de las inversiones extranjeras y del sector turístico, dramáticamente paralizado por la amenaza terrorista. Túnez está en una situación económica desastrosa.
-Es el único país donde ha tenido éxito la Primavera Árabe en cuanto a la democratización.
-Sí. Fueron los tunecinos los que crearon la Primavera Árabe. Pero hay que tener en cuenta que esta fue una revolución basada en dos elementos, la democratización de la vida política, el pluripartidismo y los derechos humanos; y el reparto, la distribución y la reorganización de la riqueza, porque los que dieron la batalla fueron las capas más pobres de la población, los estudiantes, los jóvenes parados, los campesinos, los marginados por los poderes despóticos y las élites económicas y financieras dominantes.
-¿Cuál es el panorama político?
-El sistema está muy fragmentado entre un bloque de poder compuesto por los islamistas, los partidarios del régimen autoritario y laico de Ben Alí y unas capas nuevas que se enriquecieron durante la transición; y frente a ellos, la gran mayoría de la población que no ha visto cambiar su situación social. Actualmente hay una batalla por la sucesión, porque el presidente Caid Essebsi tiene 93 años y quiere que le sustituya su hijo. Gobierna una gran coalición de conservadores e islamistas moderados, que están enfrentados entre sí. Frente a ese bloque de poder hay dos fuerzas importantes, el izquierdista Frente Popular liderado por Hamma Hamami y los sindicatos, que están en contra de los recortes y de la islamización del Estado. En Túnez se dan tres crisis a la vez, la crisis interna del bloque dirigente, la crisis de la sucesión del presidente y la crisis social.
-¿Puede haber una involución que ponga en peligro el régimen democrático? De hecho, el Gobierno ha movilizado al Ejército para contener las protestas.
-No creo que en un país como Túnez las protestas puedan poner en peligro el régimen democrático, porque no hay un ejército fuerte, capaz de imponer su ley. No cabe una contrarrevolución militar. Puede haber una reacción autoritaria del poder en las próximas semanas, pero no como en Egipto o en otros países donde el ejército es mucho más fuerte.
-¿Este contexto es favorable al auge del Estado Islámico?
-Tajantemente no. El terrorismo mata y ha provocado el hundimiento del turismo, pero es muy minoritario. Lo más peligroso es que haya una reacción autoritaria del poder que acreciente la represión. Pero creo que habrá una solución a la tunecina, es decir un pacto del que saldrá un nuevo Gobierno y la retirada de algunas medidas.