El califato islámico, al borde de la extinción

Cae su último bastión en Siria, Deir al Zur, y una localidad clave en la frontera de Irak


Jerusalén / colpisa

El califato ha colapsado del todo y los últimos combatientes del Estado Islámico (EI) se refugian en el desierto que une Siria e Irak tras una jornada en la que sufrieron una doble derrota. El Ejército sirio, apoyado por sus aliados (Rusia y Hezbolá), anunciaron la liberación de Deir al Zur y, al otro lado de la frontera, el Ejército iraquí logró expulsar a los últimos seguidores del califa de la localidad de Al Qaim, situada en plena línea divisoria entre los dos países.

El comando general sirio informó de la victoria en Deir al Zur, la última gran ciudad bajo control del EI, y aseguró que «constituye la etapa final» en la total erradicación del Estado Islámico del país porque ya ha perdido todos sus centros de poder y ahora los yihadistas «carecen de capacidad para llevar a cabo ofensivas y están aislados y rodeados en la zona este de la ciudad». Los mandos sirios, como ya hicieron los estadounidenses, apuntan a esta parte del valle del Éufrates como el lugar donde se producirá la lucha definitiva. 

Ya no son mártires

Desde la caída de Mosul, a comienzos de julio, el califato no ha parado de ceder territorio en Irak y Siria y sus combatientes ya no luchan hasta la muerte, como lo hacían antes. Se ha producido, además, la división interna entre los combatientes locales, que en lugares como Raqa aceptaron ser evacuados en autobuses, y extranjeros, que quedan fuera de toda negociación y son quienes resisten hasta el final.

Deir al Zur, población de que antes de la guerra tenía más 200.000 habitantes y era el centro de la industria petrolífera, se ha convertido en la segunda gran victoria para el presidente Bachar al Asad en esta guerra, tras recuperar en diciembre el control de Alepo, pero es el primer éxito de relevancia de sus fuerzas ante los seguidores del califa. La batalla por Deir al Zur supone un refuerzo moral para el Gobierno ya que una parte de la ciudad permaneció fiel a Damasco y el EI la tuvo cercada desde el 2014 hasta septiembre, cuando se logró romper uno de los cercos más largos de la guerra de Siria; 93.000 civiles, según cifras de las Naciones Unidas, subsistieron en condiciones extremadamente difíciles gracias a la ayuda que les lanzaban desde aviones. Es también el primer gran éxito de Rusia en la guerra contra el EI. La decisión de Vladimir Putin de entrar en la guerra siria en el 2015 marcó un punto de inflexión y Al Asad empezó a recuperar terreno hasta convertirse en el ganador estratégico del conflicto. A punto de concluir la fase militar, los rusos trabajan en la estabilización política a través de las reuniones periódicas que organizan en Astaná (Kazajistán), más efectivas que las de la ONU en Ginebra. La situación actual de Deir al Zur no difiere mucho de la del resto de ciudades liberadas de manos del EI. El uso masivo de artillería y los bombardeos de aviación han dejado inhabitable la mayor parte de los edificios y no será sencillo devolver los servicios mínimos para que los civiles puedan regresar. Los escombros, los bloques de viviendas convertidos en esqueletos y la ausencia total de vida son la herencia que dejan tres años de califato. Si la caída de esta ciudad «constituye la etapa final» del EI en Siria, lo mismo se puede aplicar a Irak tras la entrada del Ejército iraquí y las milicias chiíes en Al Qaim y la liberación del puesto fronterizo de Husayba, punto de paso estratégico para los movimientos del califato entre Mosul y Raqa desde el 2014.

Una de las primeras acciones del EI tras proclamar el califato fue grabar un vídeo en esa frontera para dar por acabadas la frontera trazada en base al acuerdo anglofrancés de Sykes-Picot, pero su sueño apenas ha durado tres años y los yihadistas, sin un territorio que defender, retornan a la insurgencia.

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