Para el Ejército sirio, Deir al Zur era un objetivo largamente codiciado. No solo se trataba de una de las capitales del Estado Islámico en Siria, la cabecera de una región rica en petróleo y una localidad de valor estratégico; también ha sido durante cinco años el escenario de un asedio de dimensiones épicas y trágicas. A lo largo de todo ese tiempo, unos 7.000 policías y soldados del Gobierno han estado protegiendo a 100.000 civiles en un sector de la ciudad, rodeados primero por la milicia Frente al Nusra y más tarde por el Estado Islámico. Desde el 2015 ese sector asediado ya solo podía abastecerse, de manera muy precaria, por medio de helicópteros. Probablemente ha sido por esa presencia militar siria en Deir al Zur por lo que las fuerzas kurdas aliadas de Estados Unidos, que también han hecho algún amago de llegar hasta allí, han preferido dejar que sean las tropas del Gobierno las que liberen la ciudad.
Deir al Zur era la última zona urbana de importancia que seguía en manos del Estado Islámico, y ahora a los yihadistas del ISIS ya solo les queda la ciudad de Al Bukamal, al sur de Deir al Zur. Se trata de una localidad pequeña, pero tiene interés estratégico, porque se encuentra en un importante paso fronterizo con Irak. Al Qaim, la ciudad iraquí al otro lado del río Éufrates, también fue liberada ayer, en este caso por Ejército de Bagdad. En el caso de Al Bukamal, sin embargo, es posible que se desate una nueva carrera entre las fuerzas kurdas y las del Ejército sirio.
De momento, los soldados de Damasco avanzan lentamente. Todavía tienen que cubrir unos 30 kilómetros de desierto en el que los yihadistas ofrecen resistencia. La fuerza aérea rusa ha acudido en su ayuda, lo mismo que la milicia libanesa Hezbolá. Las fuerzas kurdas también progresan despacio, pero su estrategia es distinta: como ya se ha hecho en otros lugares, su aliado norteamericano prefiere sobornar con dinero saudí a los jeques de las tribus que hasta ahora combatían por el Estado Islámico para que se pasen a su lado. Aunque es una técnica menos costosa en hombres (y mujeres, puesto que hay muchas luchando en las milicias kurdas), también es más frágil en cuanto a sus resultados. Pero Washington no aspira a controlar estos territorios de manera indefinida, su interés es tan solo obstaculizar en lo posible el avance de las tropas del régimen de Damasco con vistas a las futuras negociaciones de paz.
En todo caso, y termine como termine esta carrera por el desierto entre el oro y la sangre, lo importante es que en algún momento de la próxima semana el Estado Islámico habrá perdido finalmente su última ciudad.