Los papeles secretos del asesinato de JFK desatan la conspiranoia

Trump desclasifica a partir de hoy 3.100 documentos sobre la investigación más célebre de EE.UU.


REDACCIÓN / LA VOZ

¿Había un autor intelectual no descubierto en el asesinato de John Fitzgerald Kennedy? ¿Fue Lee Harvey Oswald un cabeza de turco? ¿Por qué Jack Ruby mató a Oswald? ¿Estaba involucrada la mafia en el magnicidio? ¿Lo ordenó su vicepresidente, Lyndon B. Johnson? Todas esas preguntas, y muchas otras, forman parte de las más variopintas teorías de la conspiración que han llenado miles de artículos periodísticos, cientos de libros y alguna decena de películas. Y son decenas de miles de personas en todo el mundo las que confían en que algunas de esas cuestiones se resuelvan a partir de este jueves con la desclasificación de un total de 3.100 documentos, con millones de páginas entre todos ellos, relativos a la investigación policial de uno de los episodios que más teorías de la conspiración ha provocado en todo el mundo.

Por ello, la decisión de Donald Trump de abrir al público todos esos papeles apenas un mes antes del 54 aniversario del magnicidio de Dallas es esperado con impaciencia la posibilidad de acceder a los legajos que custodia el Archivo Nacional en sus dependencias.

La última teoría de los conspiranoicos señalaba que Trump no iba a liberar la documentación por las presiones de la CIA, temerosa de que se pudiera comprobar algún tipo de negligencia en su trabajo.

Entre toda esa montaña de legajos podrían encontrarse algunas claves que sirvieran para explicar el papel de Lee Harvey Oswald en las semanas previas al atentado. Muchos especuladores señalan a las extrañas motivaciones de su viaje a México el 26 de septiembre de 1963, apenas dos meses antes del magnicidio. Se sabe que quiso conseguir un visado para entrar en la Unión Soviética y que para ello alegó sus filias comunistas tanto ante la embajada rusa en la capital mexicana como en la cubana. Pero no consiguió convencer a los responsables de su concesión, que dudaron de su capacidad intelectual por la dificultad para mantener una conversación sería con él.

La documentación del Archivo Nacional servirá también para comprobar la visión de la época sobre la guerra fría entre Washington y Moscú, así como para ver hasta qué punto los clichés de ambas estructuras contaminaron la investigación sobre el magnicidio de Kennedy.

Claro que la pasión de los investigadores no oculta algunas de las críticas hacia la presunta irresponsabilidad de Donald Trump. Algunos de los detractores presidenciales temen que la apertura de los archivos de JFK formen parte de otro episodio más de su particular reality show. Y hay quien no olvida que durante las primarias republicanas no dudó en acusar a uno de sus rivales, el senador Ted Cruz, de ser hijo de un cómplice en el asesinato de una de las figuras políticas más relevantes del siglo XX. El espectáculo debe continuar.

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