Los socialistas vuelven a la oposición en Alemania

El europeísta Martin Schulz cosecha el peor resultado de la historia del SPD


Berlín / Corresponsal

No hay duda de que el gran perdedor de la jornada fue el SPD, que ha pagado caros los últimos cuatro años como socio minoritario de los conservadores en el Gobierno de gran coalición. De poco le han servido al partido los 24 millones de euros que destinó a la campaña electoral y la extenuante gira que llevó a su líder, Martin Schulz, a recorrer 60 localidades y 20.000 kilómetros en mes y medio. Los votantes han reconocido sin dificultad la grave crisis de identidad en la que está sumida la formación, que ayer se iba a dormir sin llegar al 21% de los votos, el peor resultado de su historia.

Muchos socialistas habrán recordado ayer el mes de enero, cuando Schulz anunció que dejaba la presidencia del Parlamento Europeo para acudir al rescate del SPD. Lo primero que hizo al asumir el cargo fue criticar la Agenda 2010, el catálogo de reformas económicas wque diseñó el Ejecutivo del ex canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, y que en unos años hizo que Alemania pasara de ser la enferma de Europa a la locomotora a cambio de empleo precario. Un evidente giro a la izquierda, con el que el librero de profesión logró que el partido remontara diez puntos y hasta adelantara a la CDU/CSU de Merkel en unos días.

Del bautizado como «efecto Schulz» pronto no quedaron ni las migajas. A medida que el rostro del expresidente de la Eurocámara dejaba de ser la novedad, el calvario del SPD empezaba de nuevo. Así quedó de manifiesto en las tres derrotas regionales que encajó la formación a principios de año. Incluidas las de Renania del Norte-Westfalia, bastión socialdemócrata por antonomasia y el Land más poblado. Fue entonces cuando Schulz decidió no arriesgar y, en vez de intentar recuperar las tradicionales reivindicaciones socialistas, apostó por ir centralizando su discurso, con el objetivo de atraer a votantes de todas las vertientes.

El resultado ha sido un programa que resultaba casi un plagio barato del de los cristianodemócratas, y cuyo concepto básico, «más justicia social», no caló entre la clase media alemana, que vive mejor que nunca gracias a un superávit comercial que bate récords y un desempleo que se sitúa en el mínimo histórico.

Ante la falta de ideas para recuperar apoyos, Schulz se lanzó a la ofensiva y, en los últimos meses, no ha dejado de acaparar titulares con sus dardos envenenados dirigidos contra Merkel. Hoy, el hombre que hace solo ocho meses se perfilaba como el antídoto perfecto para salvar al SPD, ha quedado convertido en otra oportunidad perdida. No obstante, Schulz seguirá a la cabeza, según anunció ayer la cúpula del partido, que de forma unánime ha descartado seguir desgastándose en un nuevo Gobierno de gran coalición y retirarse a la bancada opositora para intentar regenerarse.

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