Fracasa el intento de May de puentear a Bruselas en el «brexit»

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

POOL | Reuters

El esperado discurso de la primera ministra británica en Florencia no convence a la Comisión, ni dentro del Reino Unido

23 sep 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Ni a Londres ni a Bruselas. La primera ministra británica, Theresa May, sigue sin convencer a nadie. Lo intentó ayer de nuevo desde Florencia, en una llamada desesperada a Italia y a otros miembros fuertes de la UE con los que Londres quiere negociar de forma bilateral, saltándose las rigideces de la Comisión Europea. No tuvo éxito. El primer ministro italiano, Gentiloni, no se llegó a reunir con ella. Todos los líderes europeos le indican el mismo camino con el dedo: el sitio en el que tiene que negociar es Bruselas.

May acudió acompañada por ministros del ala dura y suave del Gobierno, incluido el responsable de Exteriores, Boris Johnson, quien la desacreditó en una columna periodística el pasado fin de semana. La premier se vengó ayer enviando un mensaje claro: su Gobierno optará por el brexit blando, la vía que defiende el ala moderada de su partido encabezada por el ministro de Economía, Philip Hammond.

Con todo, su estrategia de divorcio sigue decepcionando en la capital de la UE. «Deseamos que los negociadores británicos expliquen las implicaciones concretas del discurso de May», aseguró el negociador europeo, Michel Barnier, quien, para disgusto de la primera ministra, fue el encargado de valorar su intervención, a las puertas de la cuarta ronda de negociación. La premier admitió que su país «nunca se sintió completamente como en casa dentro de la UE» y pasó a enumerar una larga lista de propuestas vagas que añaden más ruido a las enquistadas negociaciones. Queda solo un año para que el Reino Unido cierre el acuerdo de divorcio con la UE. Los 27 Estados miembro necesitan seis meses por lo menos para las ratificaciones parlamentarias y el Gobierno británico sigue inmóvil en el punto de partida.

La Factura

«Demandas exageradas». Así calificó la británica las estimaciones de Bruselas. «Cumpliremos con todos nuestros compromisos financieros adquiridos de aquí a nuestra salida de la UE», concedió May, quien quiere rebajar la factura de salida extendiendo la participación del Reino Unido en programas de investigación, educativos más allá de la fecha de salida. Aunque ella no facilitó ninguna cifra, algunas estimaciones calculan que la cifra alcanzaría los 20.000 millones de euros. A Bruselas no le salen las cuentas a pesar de que Londres se compromete a que nadie tenga que «pagar más o menos» por su salida. «Valoraremos si cumple con sus compromisos», aseguró un escéptico Barnier.

Dos años de transición

Un socio especial. Reino Unido está dispuesto a extender sus compromisos con la UE durante un período de transición de 2 años. A cambio, May quiere las puertas del mercado único abierto. El francés le recordó que dependerá de la voluntad de los 27 y del cumplimiento íntegro de las normas y obligaciones de la Unión por parte del Reino Unido que ayer ya dejó caer su intención de forjar en el futuro una nueva relación comercial basada en la ausencia de controles y aranceles a la exportación. «Mantendremos y fortaleceremos los estándares», prometió May, quien, sin embargo, no quiere pagar el precio que deben afrontar países como Noruega o Canadá para tener acceso al mercado único. «Somos un socio especial», argumentó antes de pedir un acuerdo con trato preferencial. 

Derechos ciudadanos

Los tribunales europeos. Más allá de las buenas palabras, «os valoramos y os damos las gracias por vuestra contribución», los británicos siguen empeñados en supeditar los derechos de los europeos residentes en el Reino Unido a sus tribunales. Londres concede que cualquier trabajador de la UE pueda entrar y salir del país en el período de transición, pero sin plegarse al Tribunal de Justicia de la UE. «Es un paso hacia adelante, pero se tiene que traducir en una posición negociadora precisa», valoró Barnier.