«Si no confiamos en los políticos, no podemos aceptar dar la vida por ellos»

El último atentado reabre el debate en Francia sobre la eficacia del despliegue militar antiterrorista

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París / corresponsal

El atropello de seis militares el miércoles a manos del argelino Hamou Benlatrèche ha reavivado la polémica que rodea la operación de vigilancia Centinela, puesta en marcha por François Hollande en enero del 2015 tras el ataque a Charlie Hebdo. Mientras los partidos debaten la eficacia del despliegue antiterrorista, cada vez más soldados rompen su silencio para denunciar sus traumas. «Cuando patrullamos nos insultan y nos agreden a menudo», relató un capitán retirado al diario Le Parisien. Este exjefe de destacamento, que quiso permanecer en el anonimato, explicó que Centinela fue «la gota que colmó el vaso». Los problemas principales: la falta de medios y la moral de los militares cada vez más baja. «El discurso del Estado no se corresponde con los medios que ponen a nuestra disposición», lamentó, acusando al presidente Emmanuel Macron de «sabotear» el presupuesto del Ministerio de Defensa con un recorte de 850 millones de euros.

No obstante, la desafección política de las tropas va más allá de los medios. «Cuando nos toman por blanco, los políticos vienen a vernos al hospital, se desplazan y 48 horas después ya no vuelven a hablar del tema; es totalmente deprimente. Si no confiamos en los políticos, no podemos aceptar dar la vida por ellos», insistió el capitán retirado, quien también denunció una fuerte censura por parte del propio Ejército. «No tenemos derecho a hablar, solo podemos hacerlo a través de nuestras parejas», afirmó.

Laetitia, presidenta del movimiento Mujeres de Militares Encolerizadas, asumió el papel de dar voz a los entre 7.000 y 10.000 soldados de infantería movilizados en la operación. «Es la broma del siglo», acusó. «Tenemos un caso de militares alojados en una casa abandonada en el sur que tuvieron que comprarse una lavadora con su propio dinero», explicó indignada. La activista también puso en duda la eficacia de la operación. «Nuestros maridos son meros figurantes para tranquilizar a la gente, pero son sobre todo blancos fáciles», zanjó.

Las críticas de expertos militares se apoyan precisamente en ese punto. «En este año, el cien por cien de los ataques terrorista han sido contra militares o policías, no contra civiles», apuntó Florent de Saint-Victor, experto de defensa. El partido de izquierda radical Francia Insumisa también estima que «no es la operación más oportuna ya que la mayoría de sus intervenciones son de defensa propia», según explicó la diputada Clémentine Autain. Su colega conservador Georges Fenech, cree que «los soldados están para hacer la guerra, no para patrullar calles», al tiempo que Francia se ha visto obligada a abandonar misiones en el exterior por falta de efectivos.

Tan solo defienden la eficacia del dispositivo abiertamente los socialistas, que fueron los que lo pusieron en marcha, y el Gobierno de Macron, aunque este último prometió que revisará la operación «en profundidad». El presidente de En Marcha en la Asamblea Nacional, François de Rugy, volvió a martillear ayer que la operación Centinela «muestra la contribución del Ejército francés a la seguridad del país». El discurso no convence al capitán retirado. Se siente «gastado físicamente, moralmente».

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