«Se gaña Le Pen, isto é a guerra»

Emigrantes reunidos en A Nosa Casa de Galicia, en París, dicen que un triunfo del FN sería la ruina para Francia

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«Ao cruzar esa porta, entras en Galicia», dice Roberto Fernández Moreda. La comida. El vino. El tute en la mesa. Las conversaciones en la barra. La bandera. El escudo. «Cóbrame o do señor aquel». «Ti estás invitado». Roberto es el cocinero de A Nosa Casa de Galicia, restaurante y centro de reunión en París. A esta embajada oficiosa llega el eco de las elecciones. Y los gallegos que han pasado más de media vida en Francia tienen una cosa clara: «Se gaña Le Pen, isto é a guerra».

El centro está en la Rue du Ruisseau. A unos metros, una escuela infantil con una placa que reza: «En memoria de los alumnos deportados entre 1942 y 1944 por ser judíos, víctimas inocentes de la barbarie nazi y del Gobierno de Vichy. Fueron exterminados en los campos de la muerte. Más de setecientos de esos niños vivían en el distrito 18». La historia. El presente, un barrio de vecinos llegados de todas partes. José Fernández señala hacia sus pies. «Teño as solas dos zapatos gastadas da vida», dice. Es de Becerreá. Tiene 72 años y ha pasado 46 en Francia. «Do traballo sae todo», asegura. Así llegó a jefe de su equipo. «A metade dos franceses estiveron vivindo da pel doutros durante moito tempo e iso acabouse. Non temos falta de xente coma Le Pen, que quere enterrar máis o país. Queremos vivir tranquilos, a paz vale moito diñeiro, hai que estar xuntos para amortiguar as dificultades», añade. Pide que no se generalice con los inmigrantes. «Hainos bos e malos. Hai discriminación, franceses que se ven superiores. E tamén árabes que seguen co disco duro do seu país». Ve absurdo el proteccionismo de Le Pen: «Hai que abrir portas e crear riqueza. Le Pen é a ruína total».

«O de saír do euro e da UE non o entendo», comenta Senén Fente Díaz. Él está a cargo del local. Dejó Lalín a los 9 años. Tiene 51. Critica a François Fillon por no dejar paso a otro cuando se destapó el empleo ficticio de su mujer: «O Fillon derramou as eleccións por non marchar cando lle chegou a hora. Quíxoo todo e fastidiouno todo». Admite que no es normal que la extrema derecha haya llegado tan lejos.

José Pérez, jubilado, llegó hace medio siglo desde Pobra de Trives, Ourense. «Tiven un café moitos anos. Son francés desde hai case corenta. Naturalizado por matrimonio», cuenta. Dice que se nacionalizó por cuestiones prácticas, la burocracia: «Hoy no lo haría». Se siente gallego. Cada año pasa meses en Galicia y Gandía y sigue la actualidad política de España. «Fillon era o meu, pero despois pasou o que pasou, aínda que eu penso que non é un delito o da muller. Tería que ter ganado Alain Juppé as primarias, el é máis moderado que Fillon e tería máis voto musulmán», explica. Susurrando, confiesa: «Eu votei a Marine Le Pen na primeira volta, para facer ruído. ¡Pero na segunda, a Macron! Se gaña Le Pen, isto é a guerra».

«Se gaña Marine haberá que volver para a casa, várrenos a todos», dice entre risas el cocinero, el vigués Roberto Fernández. Llegó en enero. Se siente a gusto. Había estado antes en Francia pero tuvo que volver a Galicia por problemas familiares. Dice que a los que se abstienen «parece que lles dá todo igual». Pero a estos gallegos no.

Del debate sobre los refugiados al drama venezolano

«Es una zona de muchos inmigrantes. Pero yo no he tenido ningún problema con ellos», comenta el vigués Roberto Fernández. El ourensano José Pérez piensa que Francia está desbordada por los refugiados y que el país no puede acoger a más extranjeros. «Eu vivo aquí cerca. Cando saio á rúa, ás veces paréceme que estou en África e non na Porte de Clignancourt», explica.

Senén Fente habla del hartazgo de los franceses, de que se percibe más tensión en los últimos años y cree también que algunos inmigrantes deben cambiar su actitud: «Hai estranxeiros máis racistas que os franceses. Se non che gusta nada de Francia é mellor que volvas ao teu país». Se mencionan los ataques terroristas. Imposible no recordarlos. «É que parece que para o terrorismo cada vez é máis fácil entrar e actuar en Europa», apunta Roberto Fernández.

Pero Venezuela también asoma en el centro gallego. El camarero, Ibrahim Maduro (suelta una risa amarga al decir su apellido), es venezolano. Lleva cinco meses en Francia, «un país de muchas oportunidades de trabajo, con buenos sueldos, pero también con precios altos». Ve a los franceses «divididos», en una situación «que no es fácil». Y su gesto cambia cuando habla de Venezuela: «Es horrible, no dejan al pueblo expresarse, no hay productos de primera necesidad y los que se venden, se venden en la calle a un precio altísimo. Los que están en el poder no quieren soltarlo para no ser arrestados después».

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