«Predica meu cura, predica meu frade»

Los principales cargos de la nueva Administración contradicen los anuncios y promesas del presidente electo para ganarse el favor de senadores y congresistas


REDACCIÓN / LA VOZ

Todo está listo para que Donald Trump sea investido esta tarde como presidente de Estados Unidos, pero muchas son las incertidumbres que se ciernen sobre el futuro de su gestión a corto plazo. Las diferencias de criterio entre Trump y los miembros de su Gabinete son una de las grandes incógnitas que habrá que despejar en las primeras semanas del magnate al frente de la Casa Blanca. Las comparecencias de los aspirantes a ocupar las Secretarías de Estado ante congresistas y senadores han contribuido a aumentar esas dudas. Haciendo bueno el dicho popular gallego de «predica meu cura, predica meu frade, por un oído me entra, por outro me sae», casi todos los aspirantes a dirigir la primera potencia mundial junto al conservador contradijeron algunas de las promesas de su jefe.

Quizá el caso más clamoroso ha sido el del nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, empeñado en poner distancia con Rusia, a pesar de su cercanía personal con Vladimir Putin. El futuro jefe de la diplomacia estadounidense evitó señalar a Moscú como aliado preferente para las estrategias de su departamento. Pero no solo eso: mientras Trump se mostraba partidario de prohibir la entrada en Estados Unidos a los musulmanes, Rex Tillerson se muestra en contra de las restricciones a un grupo por su religión.

«El muro no es la solución»

Tampoco hay coincidencia en otro de los ejes estratégicos del magnate, el polémico muro en la frontera mexicana. John Kelly, futuro jefe de Seguridad Nacional -que tampoco apoya la idea de prohibir la entrada de los musulmanes en el país- ya dijo en el Senado que esa barrera «no solucionaría por sí sola el problema» de la inmigración ilegal.

A vueltas con Moscú

La polémica de los ciberataques y el supuesto apoyo de Putin a Trump ha colocado en el disparadero las relaciones con Rusia, el gran enemigo de EE.UU. durante la Guerra Fría. James Mattis, nuevo secretario de Defensa, dijo en el Senado que «desde los Acuerdos de Yalta, en 1945, tenemos una larga lista de veces que hemos intentado dialogar con Rusia y otra relativamente corta de éxitos en esas tentativas».

Mike Pompeo, que asumirá la dirección de la CIA, fue el primero de los afines a Trump en aceptar la explicación de la inteligencia estadounidense que vinculaba a Putin con los ciberataques a la campaña demócrata. Y también se desmarcó del presidente electo en su defensa de las prácticas de tortura en los interrogatorios, el polémico waterboarding o la técnica del ahogamiento. «No puedo imaginarme que el presidente me pida algo así», señaló Pompeo.

El general Mattis, conocido como Perro Loco, tampoco se muestra entusiasmado con la idea. «Un paquete de cigarrillos y un par de cervezas son métodos mucho más efectivos», señaló el futuro responsable de Defensa en una entrevista que a Trump le entusiasmó, según confesó el magnate. «Me quedé muy impresionado con esa respuesta», confesó luego el conservador al ser preguntado por las divergencias de opinión con el militar.

Política exterior y comercial

Tampoco hay demasiado consenso en otras áreas de la política exterior estadounidense, como por ejemplo con Irán. Barack Obama recomendó a Trump que no cumpliera con su amenaza de romper el tratado de no proliferación de armas nucleares suscrito con Teherán, como prometió en campaña. «Puede que sea un pacto imperfecto, pero debemos respetarlo», subrayó Mattis.

También Tillerson se desmarcó de la agresiva política proteccionista que la nueva Administración pretende imponer mediante la ruptura de todos sus acuerdos de libre comercio con Europa, México y los países del Pacífico. Preguntado sobre estos últimos, Rex Tillerson se mostró partidario de mantener vigente la alianza comercial con los países del Pacífico. «Yo no me opongo al TTP», manifestó en su comparecencia ante el Senado.

La OTAN es otro de los motivos de discordia entre el millonario y su ministro de Defensa. Mientras el presidente electo abogó por desmantelar la Alianza Atlántica, James Mattis la defiende como «la organización militar más exitosa en la historia moderna y que probablemente haya habido nunca».

Preguntados sobre sus diferencias de pareceres con Trump, tanto Tillerson como Kelly admitieron no haber hablado sobre sus planes con él desde que recibieron la nominación.

Presiones para todos

Pero si la descoordinación es la norma general que preside las primeras declaraciones de los miembros de la Administración Trump, más preocupante en todo el mundo es la inédita línea de trabajo del magnate amenazando a las grandes corporaciones internacionales para obligarlas a invertir en Estados Unidos so pena de freírlos a impuestos de hasta el 35 %. Algunas marcas, como General Motors, han cedido a las presiones y suspendido sus planes de trasladar la producción a México. Otras, como Toyota, resisten por el momento.

Trump también ha abierto conflicto con buena parte del show business estadounidense. Gran parte de las estrellas de Hollywood ya han manifestado su rechazo a las políticas de Trump y hoy y mañana se lanzarán a las calles para contraprogramar la investidura.

Tampoco pintan mejor las relaciones con la prensa. Ya amenazó con no dejar entrar a los periodistas en la Casa Blanca, aunque tuvo que rectificar. Y en su primera comparecencia vetó a dos redactores críticos. «Utilizaré Twitter para contar la verdad», replicó a las quejas de los profesionales de la información.

El aspirante a dirigir el Tesoro oculta 100 millones de dólares en las islas Caimán

Steven Mnuchin ya estaba señalado como uno de los posibles focos de conflicto dentro de la Administración Trump. Ayer, esos temores se confirmaron. Según denunciaron los representantes del Partido Demócrata, al futuro secretario del Tesoro, el encargado de marcar la política financiera del nuevo presidente, se le olvidó informar a los miembros del Senado que evalúan su candidatura de la existencia de una cuenta con más de cien millones de dólares a su nombre en el paraíso fiscal de las islas Caimán.

Mnuchin ya era controvertido por su pasado como directivo del grupo de banca de inversión Goldman Sachs y choca con la retórica anti-Wall Street que esgrimió Trump en la campaña electoral como arma arrojadiza contra Hillary Clinton. El futuro jefe del Tesoro fue además presidente de un banco, el IndyMac -que compró por 1.600 millones de dólares y vendió por algo más de 3.400-, considerado como una máquina de ejecuciones hipotecarias tras desahuciar a más de treinta mil propietarios con técnicas calificadas como abusivas. También fue empresario en Hollywood, donde produjo películas como Avatar.

Se critica su gusto por asumir riesgos y una inclinación por el secretismo absoluto en todo lo que le concierne. Quizá por ello decidió ocultar a la Comisión de Finanzas del Senado ese fondo con más de cien millones de dólares en activos personales.

Gabinete completo

Ajeno al barullo mediático, Trump, anunció ayer que el exgobernador de Georgia Sonny Perdue será el último miembro de su primer Gabinete y ejercerá como nuevo secretario de Agricultura. El nombramiento de Perdue cierra más de dos meses de gestiones de Trump para formar su equipo, que comenzaron con las primeras designaciones realizadas el 13 de noviembre.

En un comunicado oficial difundido por el Equipo de Transición Presidencial, Trump destacó de Perdue que ha dedicado «toda su vida entendiendo y resolviendo los retos» de los productores agrícolas de su estado. Su designación provoca que la Administración Trump sea la primera desde 1988 en que no habrá latinos en el Gobierno de EE.UU.

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