Comienzan las rectificaciones

Miguel Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

INTERNACIONAL

13 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La rectificación pública de Donald Trump respecto a Obamacare -el programa público de financiación de seguros de salud privados- es muy significativa. De todas las leyes de la anterior Administración, esta es quizás la más odiada por los republicanos, la ley a la que el propio Trump se refería durante la campaña como «un completo desastre». Ahora, en cambio, habla de mantener dos aspectos de Obamacare que «le gustan muchísimo», y que de hecho son dos de sus pilares fundamentales.

Trump no tiene ningún problema en decir que Obama le convenció de esto durante su breve encuentro en la Casa Blanca. Es una confesión asombrosamente cándida que nos revela a un hombre influenciable y con una facilidad pasmosa para pasar de las fobias a las filias y viceversa. Este, y no su radicalismo ideológico, es el rasgo verdaderamente preocupante del presidente electo: una falta de carácter que disimula con su agresividad.

Pero, en política, rectificar se convierte fácilmente en vicio. Una retractación conduce necesariamente a otra, y Obamacare puede ser un buen ejemplo de esto. Esos dos aspectos de la ley que a Trump le «gustan muchísimo» -la prohibición a las aseguradoras de negar un seguro a los que ya están enfermos y la inclusión de los adolescentes en la póliza de sus padres- son difíciles de preservar si no se respeta el resto. Por otra parte, cualquier proyecto para reemplazar Obamacare con otro sistema se va a encontrar con la oposición de los demócratas en el Senado, que no tienen fuerza suficiente para impedirlo pero sí para bloquearlo durante mucho tiempo, como hicieron en su día los republicanos. Igual que le pasó a Obama, Trump va a tener que ceder aún más de lo que cree.

Mientras tanto se está produciendo un aluvión de solicitudes para suscribir una póliza bajo las condiciones de la ley actual (más de 100.000 al día siguiente de las elecciones). Los solicitantes intuyen, correctamente, que si se cambia el sistema tendrán que compensarles. Paradojas de la política, Trump se está convirtiendo en el mejor promotor que ha tenido Obamacare. Incluso si al final la ley se reforma, ha quedado establecido el principio de que el Estado debe ocuparse de garantizar un seguro a los ciudadanos. Y ese era el gran logro de Obama.

Vendrán más rectificaciones. Naturalmente, esto no quiere decir que la presidencia de Trump vaya a ser una suave continuación de la de Obama. Trump hará una política muy escorada a la derecha, para eso le han elegido. La cuestión es si el que ha sido un candidato grotesco e inquietante tiene el suficiente sentido común como para entender que la presidencia de un país exige otra actitud. En definitiva: se trata de comprobar si el hábito hace al monje, aunque la palabra «monje» no encaje muy bien con el personaje. Los cuatro días que han pasado desde las elecciones no son suficientes como para poder responder a esa pregunta. Pero al menos se puede decir que hasta ahora Trump no ha hecho nada que permita pensar que va a ser aún peor de lo que parece. Y eso hay que contarlo como un avance.