Bruselas debería mantener la calma

INTERNACIONAL

ODD ANDERSEN | AFP

«Keep Calm and Carry On» (Mantenga la calma y siga adelante). Así reza un famoso cartel británico de la Segunda Guerra Mundial que se ha convertido en un icono del merchandising

26 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Keep Calm and Carry On (Mantenga la calma y siga adelante). Así reza un famoso cartel británico de la Segunda Guerra Mundial que se ha convertido en un icono del merchandising -se lo puede ver en cientos de diseños camisetas, tazas, memes de Internet-. Los británicos no pasan ahora mismo por ser el pueblo más sensato del mundo, pero ese, al menos, es un buen consejo. Bruselas haría bien en seguirlo a la hora de gestionar el desastre que tenemos entre manos. 

No es del todo una sorpresa comprobar que no está siendo así. Tanto el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, como el del Parlamento Europeo, Martin Schulz, se han puesto muy nerviosos exigiendo a Londres que invoque «cuanto antes» el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que pone en marcha el proceso de salida de la UE. Francia se ha sumado a este ataque de impaciencia. Jean-Marc Ayrault, su ministro de Exteriores, no solo les mostraba ayer la puerta a los británicos sino que, como a unos huéspedes pesados, les recriminaba que su tardanza en marcharse era «una falta de respeto».

Puede ser, pero todo esto tiene poco sentido. Gran Bretaña sigue siendo un estado miembro de la UE y nada le obliga legalmente a invocar el artículo 50 hasta que lo considere conveniente. Se entiende que Bruselas trata así de disuadir a otros potenciales candidatos a la deserción. Pero es una actitud peligrosa. Los mercados están castigando bastante más a España o Grecia que a Gran Bretaña y escalar el conflicto no nos interesa. No es extraño que el presidente español, Mariano Rajoy, fuese el más conciliador de todos los de la Unión en su declaración oficial sobre el brexit

Rajoy solo tiene un aliado en esto, pero afortunadamente es el que más importa. Angela Merkel se está también desmarcando claramente de la pataleta de Juncker. Ni hay prisa ni se trata de castigar a nadie. «Hay que analizar la situación con calma», declaraba ayer. Keep Calm and Carry On, en definitiva. 

Lo que no quiere decir que la prudencia de Merkel no tenga su lado interesado. Gran Bretaña es un mercado esencial para las manufacturas alemanas. Se habla incluso de que los empresarios alemanes están ya pidiendo que, cuando los británicos se vayan, se firme un acuerdo bilateral de libre comercio con ellos. Veremos más de estos «sálvese quien pueda» en los próximos meses. La idealización de la UE, que parece dominar todos los análisis estos días, nos está haciendo olvidar, quizá, que la solidaridad entre países miembros ha mostrado muchas veces sus límites.

Pero hay otra razón, una más sutil, por la que Bruselas debería mantener la calma. La marcha de Gran Bretaña todavía no se ha producido y conviene esperar un poco antes de darla por hecha. El país va a entrar ahora en un período de inestabilidad política y no hay que descartar sorpresas. No hay que excluir, por ejemplo, unas elecciones anticipadas, que podrían convertirse en un plebiscito por un segundo referendo que anulase o matizase el del jueves. Ahora mismo no parece lo más probable, pero es una posibilidad que conviene no frustrar de partida. E incluso si al final Gran Bretaña se va, no es lo mismo que lo haga de una manera u otra, en un momento u otro. Desde luego, no es lo mismo para economías como la española.