La ciudad acoge el 70% del comercio bilateral, primera fuente de ingresos del régimen de Kim Jong-un
24 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Una caravana de camiones cruza cada día el llamado puente de la Amistad que une China y Corea del Norte. Por esa silueta de hierro pasan el 70 % de los intercambios comerciales entre los dos países, principal fuente financiera del régimen de Pyongyang. Sin embargo, en los tres últimos meses, coincidiendo con el cuarto ensayo nuclear norcoreano, el tráfico de camiones en esta estrecha vía se ha reducido a la mitad.
Desde Dandong, en la margen china del río Yalu, se atisba perfectamente el país más hermético del mundo y eso despierta enorme curiosidad. Los turistas acuden a esta ciudad del norte de China para divisar la otra orilla, en los hoteles pegados al río los prismáticos son un complemento más de la habitación, y en las calles, tiendas con carteles en coreano y puestos ambulantes de venta de insignias y billetes norcoreanos recuerdan los tiempos en los que las dos naciones fueron aliadas, «como los labios a los dientes», así se describías entonces.
Ahora, Pekín, en un gesto poco habitual, ha apoyado la sanciones que Naciones Unidas impuso al régimen de Kim Jong-un después de la prueba nuclear del pasado 6 de enero. En esa línea, a principios de marzo anunció la prohibición de importar carbón, oro y tierras raras de Corea del Norte, un mazazo para el empobrecido país, ya que China representa el 90 % de su comercio. «China está cumpliendo su compromiso con las sanciones de la ONU, nuestra posición es consistente y Corea del Norte lo sabe», afirmó recientemente en Pekín Li Jun, experto en Corea del Norte del Instituto de Relaciones Internacionales de China. Su afirmación sirve de respuesta a las voces que dudan de que China realmente vaya a adoptar una postura de mano dura con su vecino más incómodo.
Sin embargo, pese a las dudas, en Dandong sí se aprecia ese enfriamiento de las relaciones. La presencia en las calles de grupos de oficiales norcoreanos, a los que se distingue fácilmente por su atuendo negro y las insignias de Kim Il Sung y Kim Jong Il en el pecho, ha disminuido progresivamente. «Desde que Kim Jong-un hizo su última prueba nuclear, vienen menos clientes norcoreanos a comprar», explica Jiang, propietaria de una tienda de pequeños aparatos (básculas, calculadoras...) situada en una zona de venta de productos de segunda mano. La situación es aún peor en Guomenwan, un área destinada a potenciar el comercio entre las dos orillas que empezó a funcionar en octubre del 2015 y, a pesar de las subvenciones por la apertura de negocios, languidece con la mayoría de las naves cerradas. «No hay norcoreanos, así que mantengo mi negocio porque he hecho mucha publicidad en el barrio para captar a clientes locales», cuenta Wang, un instalador de ventanas y mosquiteras que regenta uno de los pocos establecimientos en uso.
Los expertos dudan de si la situación de Dandong es la misma en otros puntos fronterizos entre China y Corea del Norte. También se preguntan durante cuando tiempo las mantendrá y estará dispuesto a frenar el comercio que da vida a Dandong y que al mismo tiempo mantiene a flote al régimen norcoreano.