Venezuela, a dos velas

Cada vez que Maduro se sienta ante los focos de la televisión para anunciar soluciones a alguno de los múltiples males que aquejan al país, se supera a sí mismo. Su penúltima ocurrencia ha sido combatir los apagones a golpe de vacaciones


A CORUÑA

A los males crónicos que aquejan a la República Bolivariana -inseguridad y desabastecimiento de productos básicos- se le suma, cada día con más crudeza, el de los apagones y la escasez de agua.

El problema de los cortes en el suministro de energía eléctrica no es nuevo, lo que ocurre es que se acentúa cíclicamente, cuando llueve menos de lo habitual y el nivel del embalse del Guri, rebautizado como Complejo Hidroeléctrico Simón Bolívar, que genera el 70 % de la energía que consume el país, baja. A pesar de que es un dato protegido por el secretísimo oficial -como los índices de criminalidad- los expertos aseguran que últimamente lo hace al ritmo de 12 centímetros diarios, con lo que ya está alcanzando cotas preocupantes: las más bajas de los últimos 20 años. Esos mismos expertos advierten que si no llueve pronto y no cae la cantidad suficiente para que el Guri se recupere, el apagón general en todo el país es inevitable.

En lo que va de año, según datos de una comisión de afectados, ya se han registrado un total de 8.250 apagones en todo el país, algunos de hasta 13 horas. Es la antesala de lo que los expertos llaman «una catástrofe eléctrica».

La culpa, de El Niño

Según el discurso oficial de Maduro Moros y los pocos que le secundan, la culpa del desabastecimiento alimentario es de la Guerra Económica que le declaró el Imperio -léase EE.UU.- y secundó la derecha venezolana, capitaneada por el Pelucón Lorenzo Mendoza, el presidente del grupo de empresas Polar. La inseguridad es obra de paramilitares colombianos a las órdenes del ex presidente Uribe, que así ensayan los intentos de magnicidio cíclicos que él mismo denuncia. ¿Y los apagones?, pues de la sequía que provoca El Niño, un fenómeno climático que aparece desde 1950 en ciclos de 3 a 7 años, relacionado con el calentamiento inusual del Pacífico Oriental ecuatorial y que se manifiesta de forma aleatoria en las regiones de América del Sur pero solo provoca apagones en Venezuela.

¿Cuál es la estrategia de la revolución bolivariana frente a los perniciosos efectos de El Niño? Mientras los servicios de inteligencia no descubren quién es el malvado contrarrevolucionario que lo maneja, lo primero fue reducir a cuatro horas al día la apertura de los centros comerciales, algo que muchos venezolanos consideraba como «un toque de queda no declarado», ya que les servían para airearse y estirar las piernas sin jugarse la vida en la calle. Luego declarar como festivos todos los días de la Semana Santa para ahorrar, según sus expertos, un 60 % el consumo de luz pero la medida fue un rotundo fracaso porque el consumo aumentó, según reconoció el propio Freddy Brito, viceministro de Energía Eléctrica. 

Lo último fue implantar por decreto los fines de semana caribeños, declarando no laborables los viernes para los empleados públicos. De entrada, durante dos meses, luego ya Dios dirá.

Menos lavadora y nada de peluquería 

Haciendo gala de su talla de estadista, Maduro pidió a la población que no abuse del calentador de agua y que se reduzca el uso de la lavadora y del secador de pelo. Usando sus grandes dotes pedagógicas llegó a explicar que «una mujer se ve más bonita cuando se seca el pelo al natural con los dedos». Nada de peluquería. 

Si sigue sin llover y el consumo eléctrico no baja, se considerará habilitado para ajustar las tarifas de un servicio que no se han modificado desde que fue nacionalizado y, por tanto, como casi todo, está subsidiado, pero que ahora no se librará de las consecuencias de la caída de ingresos de petrodólares. 

Desde la oposición se exigen explicaciones sobre las cuantiosas inversiones destinadas a resolver el problema de los apagones que ya antes de ahora y desde la llegada del chavismo al poder pasó por fases críticas, especialmente en los años 2003 y 2010. Según datos del economista Asdrubal Oliveros, solo entre los años 2011 y 2014, las inversiones en el sector eléctrico fueron del orden de los 14.000 millones de dólares, una buena parte de los cuales acabaron, vía sobrefacturaciones, en las cuentas privadas de los llamados bolichicos, en paraísos fiscales o invertidos en las lujosas mansiones del barrio de Salamanca madrileño y en Miami.

Para Freddy Guevara, diputado de la oposición y presidente de la Comisión de Contraloría del Parlamento, los apagones obedecen a la corrupción de los altos funcionarios de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) que supuestamente desviaron recursos para el mantenimiento del servicio de energía. «El ministro para la Energía Eléctrica debe explicar por qué si Venezuela tiene capacidad instalada para generar el doble de electricidad que necesita, se sufren constantes y prolongadas interrupciones del servicio en todos los estados», dijo.

Las causas de la crisis

Niños aparte, el problema central, según el informe elaborado por el grupo de expertos Ricardo Zuloaga y que obra en poder de la oposición, radica en que Venezuela consume más energía eléctrica de la que genera y genera menos de la que podría producir con la capacidad instalada. La capacidad disponible es de 17.720 megavatios y la demanda alcanza los 18.300, lo que genera un déficit de 1.080 megavatios.

Según el ingeniero Miguel Lara, uno de los autores del aludido informe, el parque termoeléctrico instalado podría suplir la demanda, ya que en la actualidad solo está produciendo al 60 % de sus posibilidades. De ello se desprende que los problemas se derivan tanto de la merma de producción termoeléctrica, fundamentalmente por falta de mantenimiento, como de la sobre explotación de la fuente hidroeléctrica.

Paradójicamente, según el Victor Poleo, ex viceministro de Energía y profesor de la Universidad Central de Venezuela, entre los años 2007 y 2014 se ha registrado en el país un «compulsivo sobre-equipamiento térmico»  que no se tradujo en generación de energía. 

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