Las encuestas dan el triunfo a los eurófobos en el referendo de Holanda

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

MICHAEL KOOREN | Reuters

La participación se sitúa en el 32 % a solo dos puntos del umbral para que sea válido

07 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Se dice de los referendos, que los carga el diablo. Holanda lo comprobó ayer tras una noche de infarto. El llamamiento a las urnas para pronunciarse a favor o en contra del Acuerdo de Asociación entre la UE y Ucrania no despertó gran interés entre los holandeses, a pesar de lo mucho que se jugaba Bruselas. La consulta, transformada por los euroescépticos en un plebiscito contra el proyecto europeo, se convirtió en una auténtica lotería. Si bien el sondeo a pie de urna de Ipsos otorgaba la victoria a los partidarios del no con un 64 % de los votos frente al 36 % de los que optaron por el sí, el referendo está en el aire.

¿Por qué? La participación, a falta de conocer la afluencia a las mesas electorales en las Antillas holandesas, se situaría en el 32 %, solo dos puntos por encima del 30 % necesario que estipula la ley para validar la consulta. Pero el margen de error del sondeo es del 3 %, lo que podría dar un vuelco en los resultados oficiales.

Grandes ciudades como Ámsterdam y Róterdam se abstuvieron en masa mientras municipios pequeños, como Vlieland o Amerfoort, la alta participación benefició a los euroescépticos. Los resultados arrojan una radiografía perfecta del ánimo de los ciudadanos. Un electorado apático entre los partidos tradicionales frente al activismo de militantes eurófobos, encabezado por figuras como el ultraderechista Geert Wilders del PVV, quien ayer anticipaba que la cita sería «el inicio del fin de la UE como la conocemos. Y eso será bueno». 

En efecto, si finalmente la participación alcanza el 30 %, el Gobierno holandés se enfrentará a un gran dilema. O bien ignorar el resultado, con el coste político que pueda suponer en las elecciones del 2017, o aceptar la derrota y tratar de buscar un arreglo legal para no poner en un brete a sus socios europeos -quienes ya ratificaron el acuerdo-, y a Ucrania, víctima de la pugna política que se libra en la UE. Tras un sangriento conflicto civil entre la población proeuropea y la prorrusa, Kiev espera ansiosa que los 28 le tiendan la mano para tratar de reconstruir su economía y alejarse del control de Moscú. «Se trata de ser solidarios con un país que quiere desarrollarse por sí mismo», aseguraba ayer el primer ministro holandés, Mark Rutte. Más allá de las consecuencias directas en torno al Acuerdo de Asociación con Ucrania, que podrá encontrar fórmulas para seguir funcionando, las secuelas para el conjunto de la UE son difíciles de predecir. Si los euroescépticos holandeses triunfan, el camino estará más despejado para que los partidarios del brexit digan adiós a la Unión en junio.