El no euroescéptico al acuerdo con Ucrania puede dinamitar la unidad europea
03 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.La crisis griega primero, la migratoria después, y el referendo de permanencia británico previsto para el próximo junio han eclipsado durante el último año una de las citas más importantes para el futuro de la UE: el referendo holandés sobre el acuerdo de asociación con Ucrania. La votación se celebrará este miércoles. La campaña ha pasado de puntillas por la agenda política a pesar de lo mucho que hay en juego.
¿Por qué se celebra el referendo?
El grupo de activistas euroescépticos Geenpeil forzó al Gobierno de Mark Rutte a convocar la consulta tras reunir más de 470.000 firmas de las 300.000 exigidas por ley. ¿El motivo? Concentrar en una votación el descontento acumulado tras múltiples crisis y exacerbado por el derribo del avión MH17 al este de Ucrania en julio del 2014, que se cobró la vida de 298 personas, 193 holandesas. Más allá de las consecuencias comerciales, supone un desafío para la unidad de la UE en plena presidencia holandesa porque los 28 habían mostrado su apoyo al acuerdo. El resultado solo tendrá validez si la participación supera el 30 % en las urnas.
¿Quién está a favor y quién en contra?
Los partidos tradicionales y ubicados en el centro hacen campaña por el sí. Los liberales de Rutte, los socialdemócratas (PvdA), demócratas-cristianos (CDA), los liberales de izquierda (D66) y la izquierda ecologista (GrienLinks). Por el «no» se decantan los xenófobos del Partido de la Libertad (PVV), y la izquierda radical (SP). La ultraderecha quiere instrumentalizar el referendo para canalizar su rechazo a la acogida de refugiados y la ampliación de la UE. Desde la extrema izquierda se critica la intervención europea en el conflicto ucraniano y llaman a los holandeses a ejercer el voto de castigo contra las políticas de austeridad.
¿Quién encabeza los sondeos?
Los euroescépticos. Los holandeses todavía no se han repuesto del trauma aéreo, la economía no recupera los niveles previos a la crisis y se cuestiona la capacidad de la UE para gestionar el desafío migratorio. Estos factores han calado en la sensibilidad de los votantes. Un 44 % votaría en contra, frente al 33 % que lo haría a favor.
¿Qué pasará tras la votación?
El resultado no es jurídicamente vinculante. El Gobierno deberá decidir si escucha a los ciudadanos o ignora su voluntad con el consecuente coste político que puede tener en las elecciones del próximo año. Si sale el no, podrán negociar con la UE cláusulas de exclusión. Salvarían el bloqueo pero el daño a la imagen, la unión y la credibilidad de la UE sería incalculable. Un triunfo para los euroescépticos y Rusia.
Bruselas pide a los holandeses que no desaten una crisis continental
Los cimientos de la Unión Europea ceden ante sus propias debilidades y el embiste de los eurófobos. La crisis de gobernanza y la ausencia de un proyecto político claro han sembrado el terreno para el desaliento ciudadano. Si el brexit preocupa a Bruselas, el desafío holandés no se antoja menor. El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, trató de no interferir en la campaña, al contrario que en el plebiscito griego de julio, para no herir susceptibilidades. Sin embargo, instó a los holandeses a no dejarse engañar por la cantinela populista alertando de que el rechazo al acuerdo puede provocar «una crisis continental que desestabilizaría a Europa». «Supondría una victoria fácil para Rusia», alerta el luxemburgués.
El Gobierno holandés trata de ceñir la campaña y el debate sobre Ucrania para evitar que se convierta en otro referendo sobre la UE. La tarea es ardua. El euroescepticismo que llevó a Holanda a rechazar el proyecto de Constitución Europea en el 2005 se ha revitalizado.