Macri agrieta al peronismo el primer día

El nuevo presidente argentino apela a la unidad, pero hace aflorar las diferencias de sus rivales


buenos aires / colpisa

Con un mensaje de unidad y con promesas de combatir «implacablemente» la corrupción tomó posesión ayer en Argentina el nuevo presidente Mauricio Macri, acompañado por una multitud que lo aclamó en el trayecto desde su casa hasta el Congreso Nacional, donde juró, y de allí a la Casa Rosada, sede de la presidencia, donde recibió los atributos del mando en ausencia de Cristina Fernández, que se ausentó en desacuerdo con el lugar elegido para el acto. Después de ser investido con la banda y el bastón presidenciales, que le entregó el presidente provisional del Senado, Macri, junto a su esposa, su hija pequeña, la vicepresidenta y otros colaboradores, salió al balcón de la Casa Rosada y saludó a una muchedumbre que lo esperaba en la tradicional Plaza de Mayo. Agradeció el apoyo, dijo unas palabras y para deleite de sus simpatizantes se arrancó a bailar a ritmo de cumbia.

Macri tomó posesión en un clima de júbilo luego de varias jornadas de tensión por desacuerdos con su antecesora sobre el lugar donde debía celebrarse el traspaso. Cristina pretendía que se hiciera ante la Asamblea Legislativa, pero él no lo quiso así y presentó una acción judicial para determinar cuándo terminaba el mandato de Fernández. Entonces ella anunció que no iría al Congreso. Los diputados del ahora opositor Frente para la Victoria se solidarizaron con Cristina y se ausentaron del acto. Lo mismo hicieron algunos miembros del Senado de la agrupación creada por ella y su esposo, el expresidente Néstor Kirchner. Sin embargo, hubo senadores y gobernadores que sí estuvieron presentes, un hecho que sugiere que el peronismo no será más un bloque que responde homogéneo a su líder.

En su discurso ante la Asamblea, Macri prometió «trabajar incansablemente» para todos, pero «especialmente para los que más nos necesitan». «El Estado estará donde sea necesario, en especial para los que menos tienen», dijo, antes de anticipar que «los desafíos por delante son enormes» y que no podrá resolver todos los problemas desde el primer día. Sí garantizó que siempre será sincero y que al final de su mandato todos los argentinos estarán «un poco mejor». Lo escuchaban los presidentes de Bolivia, Evo Morales; Brasil, Dilma Rousseff; Colombia, Juan Manuel Santos; Chile, Michelle Bachelet; Ecuador, Rafael Correa; Paraguay, Horacio Cartés, y Uruguay, Tabaré Vázquez, además del rey Juan Carlos.

El mandatario, que viene de gobernar la ciudad de Buenos Aires, sostuvo que la política «no es una competencia de egos, sino un trabajo de equipo» y exhortó a encontrar «las mejores soluciones» y a hacerlo «unidos en la diversidad». «De derecha o de izquierda, peronistas y antiperonistas, jóvenes y personas mayores. El país tiene sectores que piensan diferente pero no está dividido», aseguró. «Las elecciones ya pasaron. Debemos unirnos para mejorar», instó a todos.

Jueces «macristas»

Macri evitó precisar las medidas económicas que tomará, pero aseguró que trabajará con un horizonte de lograr la «pobreza cero», multiplicar las fuentes de trabajo y hacer crecer la economía. También prometió combatir la corrupción, que será «implacable» con quienes incumplan la ley y con los funcionarios que hagan un «uso incorrecto» de los bienes públicos. Añadió que no habrá «jueces macristas» ni de ningún partido. «Total apoyo a la justicia independiente», proclamó.

A los que compitieron con él en las elecciones, Daniel Scioli y Sergio Massa, los mencionó uno por uno para prometerles que pueden contar con él, como él contará con ellos. «Si los argentinos nos animamos a unirnos, seremos imparables», auguró Macri eufórico en el cierre de su alocución. El nuevo presidente no tendrá mayorías propias en el Congreso y la mayor parte de las provincias están gobernadas por la oposición, aunque su alianza, Cambiemos, ganó en la ciudad de Buenos Aires y en el territorio del mismo nombre, los dos bastiones más populosos del país.

El tropezón de Correa en la alfombra roja

«No me arrepiento de este amor», de la popular cantante Gilda, fue la cumbia que bailaron Macri y su vicepresidenta Gabriela Michetti, que además se animó a cantar las estrofas a través del micrófono del acto oficial para regocijo del público congregado en la Plaza de Mayo. De todos modos, la incursión musical no fue la única anécdota de la jornada. Macri agasajó a sus invitados internacionales con una recepción. Cuando llegó el turno del presidente de Ecuador, Rafael Correa, este tropezó con la alfombra roja y, para evitar caerse, se agarró al nuevo presidente. «Casi tumbo al Gobierno», bromeó. «Tan rápido no», contestó Macri entre las risas de los asistentes a la ceremonia. Correa, uno de los aliados de los Kirchner en el pasado, comentó después que deseó a Macri «la mejor de las suertes».

Adiós entre gritos de «Volveremos»

Una movilización de muchos miles de simpatizantes despidió a la presidenta saliente, Cristina Fernández, en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada. El clima fue de alegría y agradecimiento, aunque no faltaron lágrimas de los que se sentían afectados por el final de doce años de gobiernos kirchneristas y sobre todo por la partida de Cristina. Desde un palco montado delante de la Casa de Gobierno, ella ofreció su discurso final con una alusión, sin mencionarlo, a su sucesor, al que emplazó a que dentro de cuatro años, cuando termine su mandato, «pueda plantarse frente a una plaza como esta y mirar a los argentinos a los ojos».

Los asistentes desbordaban la plaza y ocupaban las calles adyacentes. Fue una movilización parecida a otras anteriores, con una novedad. Es la primera vez en Argentina que se lleva a cabo un acto masivo de despedida de un presidente que, en su caso, deja el cargo tras dos mandatos consecutivos y con una imagen positiva en torno al 50%. Entre aplausos y risas, los manifestantes celebraban sus dichos e ironías, y coreaban una y otra vez «Vamos a volver». Cristina se refirió con sorna a los enredos en torno al traspaso y a la decisión judicial que definió que su mandato terminaba a medianoche del miércoles, por lo que fue necesario designar al presidente provisional del Senado como mandatario por 12 horas hasta la jura de Macri. «No puedo hablar mucho porque a las 12 me convierto en calabaza», ironizó.

Subrayó también que ha conocido muchas medidas cautelares, pero que «nunca en su vida» pensó que podía haber en Argentina «un presidente cautelar por doce horas», un presidente «al que nunca hemos votado». El acto contó con la presencia del presidente de Bolivia, Evo Morales.

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