Un corredor de fondo cada día más cerca de la presidencia

La aplastante victoria del domingo avala la vía institucional que siempre defendió para derrocar al chavismo


Caracas / e. La voz

A sus 45 años, Henrique Capriles ya lo intentó en dos ocasiones. En ambas estuvo a punto de conseguir la presidencia de Venezuela, pero todo indica que a la tercera irá la vencida.

Su estrategia política: la vía institucional, que siempre ha defendido de forma inequívoca y que le ha costando una lluvia de críticas desde el sector de la oposición liderado por Leopoldo López, partidario de la presión en la calle para desbancar al chavismo. Ha sido clave para el contundente triunfo del domingo.

Esta estrategia y un mensaje conciliador, que rehúye sistemáticamente de los revanchismos, son su principal baza para mantener unida a una oposición atomizada y demasiado preñada de personalismos. Todo ello es su principal aval para ser nominado de nuevo como candidato a la presidencia de Venezuela, esta vez con todas las de ganar. Los candidatos de su partido, Primero Justicia, han sido los más votados y por lo tanto los que, con más representación en la Asamblea, llevarán la locomotora del cambio.

Lo intentó en el 2013 frente a un Chávez moribundo que le ganó por un escasísimo margen de votos, a pesar de que, en esa ocasión, el difunto añadía al ventajismo clásico de utilizar todos los recursos del aparato estatal en su favor la baza sentimental de su enfermedad.

A pesar de las críticas feroces de un sector de sus compañeros, que le reprocharon el haber aceptado los resultados desde el primer momento, meses después se enfrentó a Maduro, perdió y volvió a aceptar la derrota con una elegancia poco habitual.

El actual gobernador del estado Miranda, que repite mandato después de derrotar en el 2008 al todopoderoso Diosdado Cabello, tiene en su haber una experiencia política sin parangón en la oposición. A los 25 años fue elegido diputado al Congreso de la República por el estado Zulia, posteriormente nombrado por consenso vicepresidente del Congreso y presidente de la Cámara de Diputados entre 1999 y 2000, convirtiéndose en el venezolano más joven en ejercer esos cargos en la historia democrática del país. También tiene experiencia como alcalde durante ocho años en el municipio de Baruta del Distrito Metropolitano de Caracas. En su currículo no le falta la experiencia carcelaria, Estuvo cuatro meses preso por los sucesos del asalto a la embajada de Cuba en Caracas en el 2002 y cuatro años más tarde resultó absuelto.

El desplome chavista agrava el retroceso de la izquierda en el continente latinoamericano

¿Se avecina un giro en América Latina? El desplome del chavismo en las elecciones de Venezuela no es el único signo que indica que la región está al comienzo de un nuevo ciclo con la crisis de los proyectos afines al llamado «socialismo del siglo XXI». Está también la victoria de Macri en Argentina. Cuando se asocian los dos resultados electorales, se ve aparecer el embrión de una nueva tendencia en el continente.

«La derrota del chavismo y el triunfo de Macri reflejan un deseo de cambio en la región y el rechazo a gobiernos que están trabajando mal», declara a DPA el analista Michael Shifter, del think tank de Washington Diálogo Interamericano. «Es posible» que América Latina esté haciendo frente a un cambio de ciclo, consideró por su parte Felipe González. «La gente quiere un cambio para probar una vía de salida distinta», más allá «del color político», dijo el ex presidente a una radio española.

Shifter cree, sin embargo, que es todavía muy pronto para dar por consolidada una nueva era conservadora. «No hay evidencias de que los latinoamericanos estén desplazándose de la izquierda a la derecha», comenta. Por ahora «solo están rechazando a gobiernos con políticas que no funcionan y que no producen resultados», dijo. Pese a la crisis en Venezuela y los problemas de Ecuador por los precios del petróleo, señaló, otros gobiernos como los de Bolivia o Nicaragua se muestran sólidos.

Las primeras reacciones a los resultados dejan entrever, sin embargo, que incluso en esos países también hay preocupación por el terremoto de Caracas. Temen por la supervivencia de su benefactor petrolero y, en consecuencia, por la suya propia.

«Los resultados deben provocar una profunda reflexión», dijo el presidente de Bolivia, Evo Morales, uno de los líderes de izquierda más emblemáticos de la corriente bolivariana. En Nicaragua, el diputado oficialista Jacinto Suárez intentó apaciguar el temor de que el cambio en Venezuela pueda afectar el suministro de crudo a su país.

«Los convenios siguen en pie, no han sido derogados y se puede seguir trabajando con Venezuela en las nuevas condiciones», aseguró. El apoyo con el suministro barato de crudo a sus aliados ha sido en los últimos años uno de los pilares de la influencia del chavismo en la región. El principal aliado de Maduro, Cuba, comentó los resultados de forma mucho más escueta. «Estaremos siempre junto a ustedes», aseguró Raúl Castro en una carta publicada en Granma.

Cuba es altamente dependiente del suministro en condiciones ventajosas desde hace años. Se estima que recibe hasta 100.000 barriles de petróleo al día de Venezuela a cambio del trabajo de miles de cooperantes médicos y asesores cubanos. Pero el Gobierno de Castro trabaja también desde hace tiempo por mitigar la dependencia. En cierto sentido, es como si intuyera que el resultado del domingo iba a producirse antes o después. Desde hace casi exactamente un año el acercamiento al viejo enemigo ideológico lo protege de la caída del primo venezolano.

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