Bruselas se para por la amenaza de ataques como los de París

La policía belga halla un arsenal de armas en la casa del tercer acusado de colaborar en la masacre de Francia


Bruselas / corresponsal

Bruselas amaneció ayer blindada por todos sus flancos y en estado de máxima alerta ante la amenaza de un ataque terrorista «inminente». El sonido constante de las sirenas de los coches de policía transitando durante la noche del viernes al sábado por las calles de la ciudad hacía presagiar lo peor. Las sospechas se confirmaron cuando algunos vecinos se toparon a primera hora de la mañana con las puertas del metro cerradas. El Órgano de Coordinación para el Análisis de Amenazas (Ocam) decidió de madrugada aumentar el nivel de alerta de 3 a 4, el techo en la escala de riesgo, para la capital y una pequeña ciudad de su cinturón, Vilvoorde, conocida por albergar un núcleo activo de jóvenes radicales. El Centro de Crisis belga justificó la maniobra: «Los análisis demuestran una amenaza grave e inminente que exige la adopción de medidas de seguridad específicas y recomendaciones particulares a la población».

Solo hay dos precedentes de este calibre. A finales del 2007 las autoridades decretaron el nivel 4 de alerta. La policía abortó entonces un ataque y detuvo a 14 islamistas radicales. El pasado año se repitió el escenario tras los asesinatos en el Museo Judío de Bruselas. Pero en aquella ocasión se aplicó solo a los lugares frecuentados por esa comunidad.

La reacción del Gobierno ante las advertencias extremas fue inmediata. El primer ministro belga, Charles Michel, ordenó el despliegue de un contingente militar extraordinario para vigilar y proteger los puntos más sensibles de la capital.

Bruselas quedó paralizada por el terror ante la posibilidad de sufrir un ataque. Centros comerciales, cines, teatros, salas de conciertos, centros deportivos, museos, oficinas de correos... Todos echaron el cierre y sus empleados se replegaron en sus casas. A través de los medios se recomendó a los ciudadanos evitar las grandes aglomeraciones y los lugares más turísticos. «Existe el riesgo de atentado que podrían ejecutar individuos con armas y explosivos en varios lugares de la capital. Hemos recibido información en torno al riesgo de que se cometa un atentado como el de París», reconoció Michel.

Existe mucha confusión en torno a la investigación policial debido al máximo secretismo con el que se están llevando a cabo las pesquisas. Además de a Salah Abdeslam, el octavo terrorista que sigue en busca y captura, la policía está tras el rastro de una segunda persona con armas y explosivos dispuesta a atentar, según el diario Le Soir.

La situación de máxima emergencia se precipitó tras el hallazgo de un arsenal de armas en la casa del tercer detenido en Bélgica. Se trata de A. Lazez, un hombre marroquí de 39 años que habría prestado apoyo logístico a Salah Abdeslam. Según los medios belgas, la policía habría inspeccionado su domicilio gracias a una denuncia anónima. En su coche se encontraron armas cargadas y restos de sangre. 

La conexión en Turquía

De forma casi coordinada, la policía turca detuvo ayer en un hotel de lujo de la ciudad de Antalya a Ahmed Dahmani, un belga de origen marroquí de 26 años al que se vincula con la organización de los ataques de París. Su papel sería señalar a la célula terrorista qué lugares eran más propicios para lanzar sus ataques.

Las fuerzas de seguridad le seguían la pista desde el domingo, cuando los líderes del G20 se reunieron en esa ciudad turca para coordinar labores en la lucha contra el terrorismo. La policía cree que Dahmani era quien elegía los lugares más propicios para atentar. Dos sirios fueron arrestados en su compañía por preparar su huida a Siria.

Los vecinos se replegaron en sus casas al abrigo de la lluvia y el miedo

«Es un día triste», confesaba ayer a viva voz una mujer mientras era despachada en una tienda del barrio bruselense de Etterbeek. No se refería al estado de máxima alerta decretado por el Gobierno belga ante el riesgo de atentados inminentes. Ayer llovía, y mucho en Bruselas, convirtiendo sus calles en una mustia postal. Los vecinos se replegaron en sus casas, al abrigo del mal tiempo y, por supuesto, al abrigo del miedo, a estar en el lugar erróneo en el momento equivocado.

Todavía quedan yihadistas libres. Los militares, con sus armas y camiones, y la policía tomaron las principales calles del corazón de Bruselas. Se cerró el metro y las aceras se fueron vaciando hasta quedar casi desiertas. Solo el tránsito de coches permitía distinguir a la capital del belga de cualquier otra ciudad en estado de sitio.

Colas en el aeropuerto

A media mañana el flujo de pasajeros en el aeropuerto de Zaventem se colapsaba: «Las colas del control de seguridad llegan hasta el control de pasaportes. Todo el duty free es una inmensa cola y está todo lleno de militares», aseguraba un diplomático de Bruselas antes de extender su pasaporte para ser analizado por escáner. El aeropuerto es uno de los lugares que las autoridades recomendaron ayer evitar. Ariane, dependienta de un pequeña tienda de bisutería de Etterbeek, se debatía entre bajar la persiana o mantener la puerta del negocio abierta: «Da igual lo que haga, salgo perdiendo». «Los sábados vendo más pero con la lluvia y la amenaza por los atentados no creo que vaya a ser un buen día», asegura sin reparar en su propia seguridad. Tanteando a quién le podría tocar: «¿Crees que va a pasar algo en esta zona de la ciudad? No me preocupa en absoluto. Quizá por el centro». Otros damnificados por el cierre y suspensión de eventos son los jóvenes que participan en campeonatos deportivos. Algunos de ellos se enteraron a través de notas de papel colgadas en las puertas de los complejos: «Por orden del alcalde, el Centro Deportivo de Woluwe se cerrará hasta el domingo a las 15.00. Por favor, acepten las disculpas», rezaba uno de los avisos improvisados. 

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