Atrapados en Eurodisney

Una familia de A Coruña se quedó bloqueada cuatro días en los hoteles del parque temático a causa de los atentados. Nadie les ha compensado


Santiago / La Voz

En los balances oficiales nunca aparecen, pero los terroristas no solo matan personas. También matan ilusiones. Los yihadistas que atacaron París el pasado día 13 se llevaron también por delante los sueños de un montón de niños, entre ellos los de Lucía, una pequeña de 8 años que ayer regresaba con su madre y su abuela del que tenía que haber sido el viaje más importante de su vida.

La familia había contratado un viaje a París con cuatro días en Eurodisney y dos en la ciudad. Llegaron el sábado pasado: «El aeropuerto estaba lleno de militares y nos dijeron que solo podíamos ir a los alojamientos de Eurodisney», cuenta Sabrina, la madre de Lucía. Así que llegaron a los hoteles y allí se quedaron. «El parque estaba cerrado, la estación de tren que te lleva a París, también. Y tampoco había autobuses».

La absurda situación en la que se vio Sabrina, su hija y su madre, no les afectó solo a ellas, claro. Al menos otras veinte familias que viajaban con la misma agencia se vieron ante idéntico panorama: cuatro días contratados para disfrutar en el universo Disney que se quedaban reducidos a moverse, en el mejor de los casos, de un hotel a otro. «Al menos, a alguien le debió conmover nuestra situación y decidieron que algunos de los personajes nos visitaran en los hoteles. Venían a vernos media hora por la mañana, una hora al mediodía y otra por la tarde». Durante cuatro días, esa fue la única diversión para la pequeña Lucía, correr de un hotel a otro para saludar y fotografiarse con Mickey, Goofy, el pato Donald y compañía.

Cuatro años

Sabrina es canaria. Se desplazó a A Coruña para someterse a una compleja intervención quirúrgica en el corazón. Desde el primer momento, le prometió a su hija que, cuando recibiera el alta, viajarían a Eurodisney. Así que planear y ejecutar el viaje les llevó cuatro años, el tiempo que tardó en recibir el visto bueno de los médicos para viajar en avión. Cuatro años de ilusiones varados en un hotel.

El día que tenían que volver, abrió el parque. Pero a Sabrina le pesaba demasiado el llanto de su hija y la ilusión frustrada. No podía regresar así. «Me costó trescientos euros cada noche adicional y 84 cada día de entrada al parque», cuenta. Se quedaron dos días más a razón de 14 horas diarias en el parque: «Lo que teníamos que hacer en cuatro días lo hicimos en uno. Dos veces. Ahora solo quiero descansar», decía ayer.

Cien euros de teléfono

Aún le duele la discusión con la agencia de viajes, que se ha lavado las manos: «El seguro no lo cubre, porque queda exento en casos de terremotos, catástrofes naturales o actos terroristas». La agencia les decía que debían arreglarlo con las autoridades del parque y en Eurodisney derivaban la responsabilidad a la agencia. «Me parece que me va a llegar una factura de cien euros de teléfono solo por la conversación para reclamar, que no sirvió de nada». Al menos consiguió que le cambiaran los billetes de avión sin coste adicional; un «ahorro» de 550 euros.

El colofón a tanta mala suerte fue una avería en el coche llegando ya a A Coruña, que les obligó a avisar a una grúa para llegar a casa. Pero bien está lo que bien acaba. «Lucía al principio lloraba, pero al final ha venido contenta». Eso es lo que más le importaba a su madre, que ayer relataba la peripecia final para que la niña pudiera hacerse una foto con Ariel, su princesa favorita: «Eso es lo más importante».

«Me pasé todo el fin de semana encerrado en casa»

Adrián Amado es un joven estudiante que está acabando un máster técnico científico en la universidad Diderot. Ayer llegaba a Galicia para tres días: «Me pasé todo el fin de semana encerrado en casa. La noche de los atentados algunos compañeros salieron a cenar. Llegaron a las seis de la mañana, porque estaba todo colapsado». Adrián lleva algo más de dos meses en París: «Para pasar un par de semanas está bien, pero es una ciudad muy estresante. No me gustaría quedarme a vivir allí». Sobre las medidas de seguridad dice que no son para tanto: «Yo he pasado incluso una sartén, porque terminaré pronto y hay que ir trayendo cosas».

Pilar y Alfonso, son una pareja de octogenarios residentes en París, pasando unos días en su casa de Ordes y que ayer esperaban en Lavacolla a unos familiares: «Vinimos el mismo sábado -decía ella- y la verdad es que me hubiera gustado estar allí estos días. En estos casos hay una comunión muy fuerte entre la ciudadanía. No hay posiciones políticas, todo el mundo se une para defender la República». Él restaba dramatismo a la situación: «Estoy seguro que, a la vuelta, podremos seguir con nuestra vida cotidiana con toda normalidad».

El vuelo que salió ayer de Santiago a París lo hizo con 120 pasajeros sobre los 180 que caben en el avión. Una cifra normal según la compañía, al estar en temporada baja.

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