Noche de pánico en París


Se esperaba, se temía un atentado en Francia. El ataque fallido contra los pasajeros de un tren el pasado 21 de agosto permitía suponer que se repetiría el intento en poco tiempo. El Gobierno había tomado medidas para impedirlo, entre ellas la de suspender la libertad de movimiento del espacio Schengen, sobre todo pensando en la próxima presencia de numerosos jefes de Estado en París para asistir a la cumbre sobre el cambio climático dentro de un par de semanas. Desgraciadamente, no ha servido de nada.

A falta de muchos detalles y de una versión oficial completa de lo sucedido, da la impresión de que el ataque múltiple era poco selectivo y buscaba únicamente maximizar el número de víctimas y crear una sensación de caos. Ni el partido de fútbol que se celebraba en el Estadio de Francia entre Francia y Alemania ni la sala de fiestas Bataclan, en la que estaba teniendo lugar un concierto de rock, tenían ningún significado especial relacionado con ninguna causa política. Simplemente, el estadio era un lugar donde se esperaba que hubiese una fuerte concentración de policías -ese era, al parecer, el objetivo de un atacante suicida con un cinturón explosivo- y la sala de fiestas era un lugar donde sería fácil capturar un gran número de rehenes. Los tiroteos simultáneos en distintos lugares recuerdan a las acciones coordinadas de los atacantes de la revista Charlie Hebdo a principios de año, pero en este caso han sido incluso más indiscriminados y sus resultados todavía más devastadores.

Ayer a primera hora de la madrugada aún no había una reivindicación. Se pensaba en el Estado Islámico, contra el que Francia ha estado actuando en Siria e Irak como parte de la coalición internacional encabezada por Estados Unidos. Pero lo cierto es que la participación francesa en esa campaña no es especialmente destacada. Su implicación en la lucha contra el yihadismo es mayor en Mali, donde interviene militarmente desde hace más de dos años, aunque en este caso el enemigo es Al Qaida, no el Estado Islámico. También los atentados de Charlie Hebdo fueron reivindicados por Al Qaida. Pero ya entonces se observaba una cierta confusión entre los propios terroristas: unos aseguraban actuar en nombre de Al Qaida, otro en nombre del Estado Islámico. Da la impresión de que estamos ante una nueva evolución del fenómeno yihadista: no importan las marcas, en lo que parece una amalgama excombatientes de Siria y de lobos solitarios que siguen instrucciones por Internet y actúan en aquel país que mejor conocen, el suyo. Esto explicaría por qué Francia, de donde salen más combatientes para Siria que de otros lugares, está siendo golpeada especialmente.

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