Los olivos de la concordia

Una oenegé de rabinos reúne a voluntarios para proteger a los palestinos de los colonos durante la recogida de la aceituna


Burin / enviada especial

Recoge las aceitunas con culpabilidad. Es octubre, tiempo de cosecha en tierra de olivos en Cisjordania, y el israelí Jona Bental ha llegado desde Tel Aviv para proteger a los agricultores palestinos de Burin, muy cerca de Nablus, de las sistemáticas agresiones de los colonos judíos. «No sé si en realidad les ayudo o me estoy ayudando a mí, para poder mirarme al espejo», deja caer como una losa su sentimiento de responsabilidad por la ocupación israelí sin parar de recoger aceitunas.

La organización israelí Rabinos por los Derechos Humanos reúne cada temporada a voluntarios internacionales e israelíes para la recogida en los olivares con el objetivo de evitar agresiones como la sufrida la semana pasada por el agricultor Abed Asws. Un grupo de colonos del asentamiento Ithzar, que linda con sus tierras ocupadas, apedreó a Abed y a los que le acompañaban, hiriendo a un cooperante británico. El ataque se une a la quema y tala de olivos, así como al robo de aceitunas, que padecen habitualmente.

«Me avergüenzo»

«Cuando los colonos para vivir aquí alegan motivos religiosos, me avergüenzo», declara sobre una tierra calcinada por los colonos el rabino Arik Ascherman, presidente de esta oenegé con más de 140 integrantes y creada para romper el estigma de que israelíes y palestinos no pueden vivir juntos. «Intentamos forzar al Ejército israelí para que proteja a los trabajadores y que si hay un ataque venga lo antes posible», argumenta. No siempre lo consigue y pocas veces termina en procedimientos judiciales a pesar de llevarse a cabo arrestos.

El joven israelí Hay conoció estos olivos cuando los transitaba como militar. Ha cambiado el uniforme por unas bermudas y una camiseta, con la que se cubre la cabeza para protegerse del sol, y participa ahora en la labor con los palestinos. «Quiero seguir sirviendo a mi país, pero quiero un país sin colonos», confiesa mientras toma el té que le ha servido Munir en un descanso.

El menor Hamdan vigila desde un montículo la posible llegada de colonos y dar la voz de alerta, en un ambiente más precavido y sugestionado por la ola de violencia que asola Israel y Palestina. Ypar Silbert, que quedó herido en una agresión en el 2002, no ha dejado de venir. Como Bental sufre el rechazo de sus amigos que no entienden su acercamiento a los palestinos. «Somos una minoría», asumen. Una minoría harta de la actual situación. «Participé en la guerra de 1967 convencido de que estábamos amenazados, pero no esperaba esta ocupación. No puedo culparles [a los palestinos] por lo que están haciendo», refiere a la ola de violencia. «No debería decirlo, pero he perdido la esperanza de que mi país vaya a cambiar».

Ban intenta frenar la escalada de violencia

La visita sorpresa del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, a Israel llegó con un aviso a navegantes. «En este período difícil hay que decir: ¡Basta!», dijo en un mensaje muy crítico hacia israelíes y palestinos. «Permítanme ser claro: la violencia solo mina las legítimas aspiraciones palestinas de un Estado y el deseo de los israelíes de seguridad»».

La ola de violencia se cobró ayer cinco víctimas más. El día comenzó con la demolición de la casa de la familia de un miembro de Yihad Islámica que el año pasado mató a un colono cerca de Hebrón. Cada demolición genera protestas y esta vez acabaron con un joven palestino abatido después de intentar apuñalar a un soldado. Por la tarde, otro palestino caía abatido junto al asentamiento de Gush Etzion, en Belén, tras embestir su coche contra un retén militar. El tercer incidente mortal se produjo de nuevo en Hebrón, cuando un colono tuvo que parar su coche debido a las piedras que le había lanzado un grupo de palestinos. Cuando bajó del vehículo fue arrollado por un camión. El conductor se entregó a la policía palestina a la que declaró que fue un accidente y que su intención no era atropellarlo.

También en Hebrón, caían anoche caían otros dos palestinos más tras intentar apuñalar a soldados. Uno resultó herido

Los ánimos pueden inflamarse más tras la detención del líder de Hamás en Cisjordania, Hasán Yusef. Un día más cientos de jóvenes protestaron frente a la verja de separación de Gaza, en la que un joven resulto muerto y otros cinco heridos.

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