Las divisiones internas dejan a Europa sin respuestas eficaces a la crisis migratoria
17 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Las divergencias entre los 28 socios de la Unión Europea y los dispares intereses nacionales han terminado frustrando las esperanzas de dar una respuesta a la altura de las circunstancias a la peor crisis migratoria que vive el viejo continente desde la Segunda Guerra Mundial.
El gran síntoma de la derrota moral de la UE es el giro político que ha experimentado en las últimas semanas. Los 28 demostraron en su última cita en Bruselas que han bajado los brazos. El consenso es imposible. La imagen del pequeño Aylan ahogado en la orilla de una playa turca prendió la llama de la indignación el pasado agosto e impulsó a los líderes a reaccionar. Entonces hablaban de tratar con más humanidad y dignidad a quienes huyen de la guerra. Un mes y medio más tarde, en Bruselas se debate cómo mantenerlos alejados de las fronteras.
Por un lado hay problemas para reubicar a los 160.000 refugiados que acordó el Consejo. La mayor parte de los países no están dispuestos a cumplir de inmediato sus compromisos y hay una fuerte brecha entre quienes quieren un mecanismo de reparto permanente (Francia y Alemania) y los que exigen que sea excepcional (Hungría, República Checa, Polonia, Eslovaquia y España). Por otro lado, existen dificultades para convencer a países terceros de que se hagan cargo de los desplazados a cambio de fondos.
La UE publicó ayer la oferta que envió a Turquía para que corte el flujo de migrantes en su frontera y readmita un contingente de personas. Bruselas ofrece, a cambio, acelerar el proceso de liberalización de visados a los ciudadanos turcos y prestar apoyo financiero para mantener en territorio turco a los migrantes. La cifra podría ascender a 3.000 millones de euros. Ankara cuestiona la sinceridad de la iniciativa y niega que se haya llegado a un acuerdo. El presidente turco, Tayyip Erdogan, no se conforma. «Hemos gastado hasta ahora 8.000 millones. ¿Cuánto apoyo nos ha dado el mundo? Unos 417 millones de euros», se quejó ayer antes de exigir que se desbloquee el proceso de incorporación de Turquía a la UE para «garantizar la estabilidad y seguridad de Europa».
Hay quienes ponen en cuestión la efectividad de este acuerdo. Francia es especialmente reacia a permitir que Ankara de un paso más hacia una posible adhesión. Otros socios presionan para que se avance en este tipo de pactos y exigen mayor control en las fronteras de la propia Unión, especialmente en la griega. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, volvió a cargar ayer contra la actitud laxa de Atenas: «Europa no puede acoger a todos los necesitados», aseguró antes de recordar que «el islam nunca ha pertenecido a Europa» y que la llegada de miles de refugiados de esa confesión puede provocar divisiones sociales.
Budapest cerró esta media noche la frontera sur con Croacia, ruta de acceso de los desplazados desde que Hungría cerró a cal y canto los accesos por Serbia. El flujo diario de refugiados ha descendido de 10.000 a apenas 200 personas en ese flanco.