«No hay otra solución que la salida del euro»

 Las críticas son cada vez mayores dentro de las filas de Syriza, que califican de «humillación» la última oferta que sus socios europeos han hecho a Grecia


atenas / e. la voz

Alexis Tsipras fue directo a la mansión Maximus después de tres agobiantes días de negociaciones en Bruselas y convocó un Consejo de Gobierno urgente para debatir en casa las exigencias de los acreedores. Las críticas son cada vez mayores dentro de las filas de Syriza, que califican de «humillación» la última oferta que sus socios europeos han hecho a Grecia.

La negativa de Tsipras a aceptarlo fue aplaudida en territorio heleno. «Ha llegado el momento de decir el gran no», declaraba el diputado izquierdista Yanis Mijeloyanakis. «Podemos avanzar nosotros solos y que Grecia sobreviva y crezca», reclamó el portavoz parlamentario Thanasis Petrakos. El ministro de Trabajo, Panos Skourtelis, calificó de «un suicidio para el pueblo» las exigencias de los acreedores. De fondo, la advertencia de acudir a las urnas para reforzar el mandato del Gobierno o incluso un referendo.

Fuentes del Gobierno aseguran que la última propuesta de los acreedores traería más sufrimiento a los ciudadanos y debilitaría al país de cara a futuras negociaciones. Varios miembros de Syriza han incidido durante los últimos días en que una condición indispensable para llegar a un acuerdo sería el alivio de la deuda que equivale al 180% del PIB. Es la línea que siguen las últimas exigencias del sector más izquierdista, un compromiso de reestructuración de la deuda.

A 48 horas para el pago de 1.600 millones al FMI, Tsipras sigue inmerso en una carrera de obstáculos. Intenta mantener el equilibrio entre sus partidarios y llegar a un acuerdo con los acreedores para evitar la quiebra del país. Esa presión está muy presente en las calles de Atenas. Las manifestaciones en contra de las exigencias de la eurozona son cada vez más numerosas. Ayer mismo el Partido Comunista se congregó en la Plaza Syntagma bajo el lema «No al acuerdo».

«Estas medidas son aún peores para el pueblo y para los trabajadores. Debemos acabar con ellas a través de la movilización, no hay otra opción. No hay otra solución que la salida del euro», explicaba Margarita, una limpiadora recién admitida por el Gobierno griego después de revocar su despido por improcedente. Asistió a la manifestación con su hijo Kostas, técnico de radio y que tiene 40 años. «Nunca he apoyado a Tsipras y este acuerdo es mucho peor. Deberían haberse levantado de la mesa de negociación y que hubiera elecciones otra vez».

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