Babilonia al pie de los Alpes

Vecinos de Seyne y Le Vernet ofrecen cama y agua a los periodistas que cubren la tragedia

Centenares de periodistas trabajan en los pueblos de los Alpes situados cerca de la zona del impacto del Airbus 320.
Centenares de periodistas trabajan en los pueblos de los Alpes situados cerca de la zona del impacto del Airbus 320.

SEYNE-les-alpes enviados especiales

Seyne-Les-Alpes es un hervidero. Le Vernet, el otro pueblo cercano al lugar del accidente, también. El anuncio de la llegada de familias a esa última localidad ha desplazado hasta ahí a decenas de cámaras. Sus objetivos apuntan ahora a la montaña y a los pequeños huecos que dejan los furgones de la Gendarmería, apostados ante sus cañones para hacer barrera y proteger a las familias que están en camino de sus disparos.

Pero el despliegue informativo de cámaras, periodistas, unidades móviles, radios... que ha tomado esta parte de los Alpes es tal que sobran efectivos para tener perfectamente cubierto ese frente y el del campo base del que despegan los helicópteros encargados de transportar hasta la ladera a los efectivos que participan en el rescate, en Seyne.

Desde la BBC a la RTP portuguesa. Desde pequeños diarios locales como La Provence, con sede en Barcelonette, al Wall Street Journal o The Time. Alguna cara conocida. Productoras que dan imagen a varias cadenas, radios... Un periodista del diario suizo Blick está acompañado incluso de Beny, un border collie que a veces lo acompaña en sus reportajes. Todos están en los Alpes. Algunos con varios equipos.

Su presencia se agiganta aún más en dos poblaciones tan pequeñas. Ni en el accidente de Angrois, en Santiago de Compostela, el peor siniestro ferroviario de la historia de España, se concentraron tantas unidades móviles como aquí. O puede que en Santiago, con 90.000 habitantes, quedaran más difuminadas. En Seyne, con poco más de 2.000, las cámaras forman como un gran escuadrón en dos filas, con el objetivo mirando a la pista de la que parten los helicópteros.

La apertura del centro comercial SuperMarché desplazó por la mañana a las unidades móviles desde su aparcamiento hasta una zona de campo libre, justo entre las dos hileras de cámaras. Todas frente al pelotón de agentes que protegen la zona para hacer que tengan, únicamente, al tiro de cámara justo para informar y mantener la intimidad de los que trabajan al otro lado del cordón y de los familiares.

Toda esa marabunta desbordó ya el primer día los dos hoteles que hay en Seyne. Albergues de montaña y pequeños hostales repartidos por localidades cercanas albergan a los periodistas. Todos en un radio de treinta kilómetros.

Pese a tal desembarco, los habitantes de la zona desbordan amabilidad. Más de uno se para a preguntar «¿tienen dónde dormir?», ofreciendo incluso una cama a los periodistas para pasar la noche. También les dan agua, porque el único bar de Le Vernet está cerrado. O les dejan cargar las baterías de los teléfonos, agotados tras horas de espera.

El trajín se nota también en los bares de Seyne. Un café 2,5 euros. Un plato de espagueti, 12. Y eso con la suerte de llegar a tiempo antes de que se agoten los víveres, como ocurrió el día después del accidente en algún local. Porque esa jornada en la panadería volaron las baguetes con chorizo o las quiches. Entonces hubo que agarrarse a la omelette y a las bolsas del súper.

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