Pueblo pequeño, rescate gigantesco

«En la montaña no hay nada. Todo parece haberse pulverizado. Al menos tardaremos 15 días en peinar la zona y recuperar restos que permitan identificar los cuerpos», avanzan desde Seyne-les-Alpes, la zona 0 del accidente de Germanwings


seyne-les-alpes / enviada especial

«Allí, justo allí. Detrás de esa ladera». Un joven gendarme apunta al horizonte con la mano para señalar el lugar en el que se estrelló el Airbus 320 de Germanwings. El punto que marca es el pico Estrop, en el Macizo Trois-Evêchés o Tres Obispos. El mismo nombre que el pico de Os Ancares. El gendarme está en Seyne-les-Alpes. Es uno más de las decenas de agentes encargados de acordonar la entrada al campamento base del que despegan los helicópteros que transportan al personal de rescate hasta la zona del accidente. El acceso a pie es peligroso. Prácticamente un suicidio. «En la montaña no hay nada, nada. Todo parece haberse pulverizado. Al menos tardaremos quince días en peinar la zona y recuperar restos que permitan identificar los cuerpos», avanza con desolación uno de los que han llegado a la zona cero. No hace falta que diga que ha estado allí. Su cara y la cuerda de seguridad que lleva sujeta a la pierna lo delatan.

Los helicópteros que lo han llevado a él y al resto de rescatadores hasta el lugar del impacto llevan todo el día trabajando. No solo los pilotos. También los gendarmes, la policía judicial encargada de identificar los restos, protección civil, bomberos... Tienen por delante un gran reto. La recuperación de los restos de las víctimas será difícil. Casi la totalidad de las operaciones deberá realizarse por aire por la dificultad de acceder por tierra al área del siniestro.

A las dos de la tarde se vivió un extraño paréntesis en Seyne-les-Alpes. La llegada de autoridades para sobrevolar la montaña primero y acercarse luego al polideportivo municipal, el lugar donde será instalada la capilla ardiente y donde pretenden atender a los familiares, frenó la libertad de movimientos en este pueblo.

Corin lleva todo el día en ese improvisado centro de atención. La llamaron para que ejerciera de intérprete para traducir las preguntas o dudas de los familiares de los 51 pasajeros españoles que iban en el avión. Pero a las cinco de la tarde todavía no había llegado nadie. «Llevamos ahí desde la mañana, pero ahora nos vamos para casa. No hemos visto a ninguna familia por ahora», dice mientras abandona la instalación acompañada por otras dos compañeras. Las traductoras no han visto a nadie, pero el teniente de alcalde de la localidad, Michel Blot, asegura que ayer ya habían llegado dos familias. Seyne-les-Alpes espera a las familias.

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