Solidaridad rota por Jean-Marie Le Pen, que llamó payasos a los participantes


«París es hoy la capital del mundo». El presidente Françoise Hollande no se equivocó en su afirmación, pero el mundo tampoco le dio la espalda a Francia. Decenas de ciudades de todo el planeta secundaron la marcha en contra del terrorismo y a favor de la libertad de expresión en otro momento para la historia. De Madrid a Katmandú; de Barcelona a Seúl; de Nueva York a El Cairo; de Río de Janeiro a Jerusalén; de Nueva Deli a Buenos Aires; de Helsinki a Beirut; de Londres a Colombia; de Berlín a Lima... Y así una larga lista de capitales que unieron en un solo grito de repulsa contra el fanatismo religioso a judíos, cristianos y musulmanes.

Pero el epicentro de la indignación ciudadana fue París, una ciudad de la que los organizadores de la marcha excluyeron la presencia de la ultraderecha representada por el Frente Nacional. Su presidenta, Marine Le Pen, organizó una manifestación paralela en su feudo de Beaucaire, pero su padre, el histórico Jean-Marie, fue más lejos aún y arremetió contra los que participaron en la protesta de París. «Toda esta gente que han marchado bajo la pancarta 'Yo soy Charlie' son en realidad payasos responsables de la decadencia de Francia», dijo.

Marruecos no estuvo

Quien también rompió la unidad de acción fue la delegación de Marruecos, que no acudió a la marcha por la presencia de caricaturas blasfemas contra la figura del profeta Mahoma. Fue la justificación que dio el ministro de Exteriores, Salahedín Mezua, que sí fue al del Elíseo.

Pero en París reinó ante todo el espíritu de conciliación, aunque no el suficiente para que Rajoy se encontrase con Pedro Sánchez o con el presidente de la Generalitat, Artur Mas.

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