El modelo de Giuliani ha saltado por los aires

La Voz

INTERNACIONAL

Los disturbios de los últimos días en EE.UU. ha puesto en entredicho el modelo policial que mantienen la mayoría de las ciudades

09 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo sucedido en las últimas semanas en EE.UU. ha tenido otro efecto además de generar disturbios: ha puesto en entredicho el modelo policial que mantienen la mayoría de las ciudades con Nueva York a la cabeza. Aunque lo cierto es que ese modelo ya estaba en cuestión con anterioridad y lo que han hecho los sucesos es trasladar el debate a la opinión pública.

En las pasadas elecciones a la alcaldía de Nueva York uno de los temas principales de campaña fue la actuación de la policía local. El aspirante demócrata y hoy alcalde Bill de Blasio prometió acabar con lo que se consideraba una práctica habitual entre agentes: acosar a afroamericanos e hispanos. Algunas declaraciones de De Blasio posteriores, críticas con técnicas autoritarias en vigor desde la era de Giuliani, lo enfrentaron abiertamente con el cuerpo de policía, pero los últimos sucesos parecen darle la razón.

El problema no es solo de Nueva York. Los expertos coinciden en que el meollo de la cuestión está en las leyes. Las de la mayoría de los estados dan a los policías la posibilidad de decidir ellos mismos la fuerza que deben aplicar en cada caso dependiendo de la magnitud del delito y, sobre todo, de la amenaza que sientan. Esta discrecionalidad se une además a la dificultad para que un jurado acuse a un agente de homicidio porque los casos los llevan los mismos fiscales que trabajan con esos policías. Un estudio realizado por la Universidad Bowling Green demostró que entre 2004 y 2011 los departamentos de policía reconocieron que sus agentes habían matado a 2.600 personas pero solo 41 de esos agentes llegó a ir a juicio por ello.

La mayoría de los expertos creen que los problemas vienen desde que el exalcalde Giuliani decidió emprender una limpieza en profundidad de Nueva York. Su teoría se basaba en que, si se reducían los pequeños delitos, también bajarían los más graves. En los últimos años las ciudades que siguieron esta teoría redujeron notablemente sus cifras de crímenes pero a la vez, en ellas, el acoso a las minorías se ha vuelto intolerable.